Ahí viene la reforma (Parte 2)

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Jesus Sanchez

El país no reventó. El año pasado el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM organizó un panel donde expertos examinaron los principios de la “reforma política” moderna, que para sorpresa de muchos se diseñó y concretó en la época de José López Portillo y de Jesús Reyes Heroles: esta gran reforma fincó las bases de la democracia plural que hoy conocemos.

Como hoy, hace 40 años se encendieron los focos de alerta y se introdujeron cambios constitucionales que cambiaron el entarimado político nacional, con lo que evitaron que el país se nos deshiciera en las manos. El país ha enfrentado en estas últimas décadas procesos de desarrollo y experimentó además la alternancia en el poder presidencial, momentos difíciles, críticos, pero el esperamos que después de las elecciones de julio el país desaparezca, pero los resultados de la participación de los ciudadanos, el redimensionamiento de las fuerzas políticas y las instituciones, así como las nuevas formas de gobierno, seguramente tendrán que someterse a una chaineada de fondo. O sea, una reforma política de quinta generación.

Un excepcional documento que condensa la reforma política de 1977, elaborada por el constitucionalaista Jorge Carpizo, sintetiza es estas palabra las razones que dieron paso a reformar 17 artículos de la Carta Magna.

“Persigue fortalecer el proceso democratizador del país, la participación política institucional de fuerzas políticas que se habían mantenido al margen del sistema y, el fortalecimiento del poder legislativo. Se intenta que el sistema político mexicano pueda seguir operando y no vaya a ser desbordado por no poder dar cauce a los problemas del país”.

El concepto del desarrollo estabilizador había quedado muy lejos, la concentración del ingreso en unas cuantas personas y el empobrecimiento de la población en aumento, además de que no existía oposición en el Congreso, todo esto dio paso a rumores de golpes de Estado, en suma, la pérdida de confianza en el Sistema Político Mexicano. Más allá de los errores de todos conocidos del último presidente de la Revolución, José López Portillo, tuvo la sensibilidad para advertir que hacían falta reformas si se deseaba mantener la estabilidad del país. Y lo hizo.

Por primera vez se reconoció que las minorías podían convertirse en mayorías pero renunciando a la violencia. En síntesis, la reforma de hace 40 años se propuso para evitar la desestabilización del sistema político mexicano, a través de la ampliación de la representación nacional.