Ahí viene la reforma

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Jesus Sanchez

Con tantos distractores y ocurrencias en las campañas disfrazadas de precampañas, en un clima político de mucha confrontación e incertidumbre, los estudiosos de estos temas advierten que para acabarla de amolar cualquiera que gane la presidencial no tendrá mayoría en el Congreso. ¿Quieren que se los cuente otra vez?

El proceso electoral en curso, como siempre, se distingue por dar paso a una competencia desigual e injusta, como quiera que se le vea, además de cara. Y eso que de acuerdo a muchos sondeos los ciudadanos cada vez creen menos en los partidos pues se sienten menos representados. En fin, los candidatos formales, que representan a las extrañas alianzas premodernas se dedican a hacer campañas a través de la espotización y el tendido de redes sociales.

Lo suyo es prometer para hacer votos, cumplir es lo de menos. En cambio a los candidatos independientes, ni tan independientes dicen sus detractores, tienen que cumplir sobrereglamentaciones que parece que están hechas para que no pasen.

Además de que disponen de muy pocos recursos públicos y quedan limitados en el reparto de los millones de spots que los partidos tienen para su uso y totalmente gratis. En diferentes foros y charlas con comunicadores, estudiosos de la política y políticos de nueva cuña, uno de los puntos en que coincidimos es que los mexicanos vivimos el quehacer de la política de una manera totalamente distinta a la de hace unos cuantos años.

Es más, nadie imaginaba que cuando ocurrió la transición en México, en el año 2000, hoy en pleno 2018 los cambios han sido impresionantes. Pero el sistema político en el que vivimos nuestro espacio cotidiano se ha venido rezagando. Hoy por ejemplo buena parte de la política, los órganos electorales y las decisiones que se toman en la administración pública, están hechas a imagen y semejanza de los partidos.

El sistema de partidos es una figura teórica y práctica de gran importacia, pero la partidocracia lo ha desvirtuado. Acaban de cumplirse 40 años de la reforma política que le ha dado forma y vida al actual sistema democrático mexicano, la reforma política de 1977. Y cuatro décadas después, el mismo tiempo que lleva el Proyecto del Templo Mayor tras el descubrimiento de la Coyolxauhqui, el país es diferente y sigue cambiando.