Raquel Bigorra

Me llamó Elizabeth Álvarez para invitarme a ver a Jorge Salinas, su marido, en Variaciones Enigmáticas. “Es el último fin de semana, por favor, no dejes de venir a verlo”.  Así fue como fuimos mi marido, mi tía, quien nos vino a visitar de Cuba, y yo.
Cuando le dije a mi tía que actuaba Jorge Salinas y César Évora, enseguida se emocionó. Ya después de ver las maravillosas actuaciones de este par de primeros actores, pasamos a saludarlos al camerino.

Jorge prácticamente se tiene que bañar en el lavabo del baño del camerino. Termina la función empapado entre lágrimas y sudor, por la carga emocional que maneja su personaje, el agotamiento físico es evidente y el sudor le corre por todo el cuerpo. La fila de amistades que estaban esperándolo para felicitarlo era mucha. Público también. Todos querían abrazarlo. También a César, así que allí estuvimos con este par de galanes compartiendo un ratito.

Mi tía le hizo recordar a César Évora cuando bailó los 15 años de Vivian, una querida amiga del barrio de Lawton, en la Habana, donde ambos fueron vecinos. A Évora le dio mucha alegría recordar aquellos tiempos de juventud y mi tía no reparó en tomarse la foto con el guapo paisano y de paso recordarle que el año pasado se lo había encontrado en el aeropuerto de la Ciudad de México. “Con mucho orgullo le aclaré a unas fans, que usted era cubano”, le dijo mi tía. Ya le expliqué yo después que México lo quiere como mexicano, pues tiene una carrera impecable. Desde que llegó a este país solo se ha dedicado a trabajar.

Me contó que ya es abuelo y de su hija, la de 24, está muy contento pues no tiene novio. Celos, malditos celos de los papás. Mi marido también se sumó a la conversación para decirle que hasta los 40, Rafaella no tienen permiso de echar novio. Llegó Sergio Gabriel, el productor de la obra a agradecerle a Jorge y a César por esta maravillosa temporada. Parece que harán algunas funciones en el interior de la República, pues el público y los empresarios los siguen pidiendo. Lo que pasa es que es una obra de mucho desgaste emocional. Los dos actores entregan el alma en el escenario y Jorge Salinas, mis respetos. Está haciendo en Variaciones Enigmáticas el papel de su vida. De verdad que es maravilloso.

Sergio Gabriel nos invitó a Capital, el show musical que se presenta viernes y sábado en Polanco. Entre Made in México y Dos más dos, no para. Es increíble la cantidad de obras y espectáculos que tiene en cartelera y todas con muchísimo éxito. No en balde es compadre de Alex Gou, mi otro querido amigo productor, con el que ya estamos ensayando A oscuras me da risa. Los dos gozan de gran prestigio como productores, además de buenos amigos.

Vaya noche la que pasamos en el teatro viendo actuar a dos grandes. No se equivocó mi Elizabeth Álvarez en decirme que por favor no me perdiera la actuación de su marido. Ella como toda una esposa orgullosa no paró de aplaudirle al final de la función y felicitarlo en los camerinos.

Yo me tuve que reír con la cantidad de fans aventadas que no paraban de decirle socia a Elizabeth, quien muy amable se tomó foto con todas las espectadoras que le pedían foto. Papasito le gritaban a su marido. “Mira que manos tan hermosas tiene”, le decía una señora a la amiga. Estaban las dos saboreándose a Salinas desde las butacas.

Nada, que se cerró la temporada de Variaciones pero si regresa a cartelera no deje de verla. Se va a sorprender con la actuación de ambos. Sobre todo con la de Jorge, porque lejos del guapo de las telenovelas que es, es un actor que trabajó para entregarse a Larsen, el personaje que interpreta. Su trabajo es digno de  aplaudirle de pie, como lo hicimos cada uno de los que fuimos a disfrutar del trabajo de ambos actores en la última función de esta temporada.

¡A gozar que el mundo se va a acabar! Gracias bella Elizabeth por invitarnos. Me encanta verlos enamorados y cómplices. La forma en cómo se miran con ojos de amor y admiración, contagia. Y nos hace creer que vivir enamorados, es posible. Felicidades a toda la compañía y equipo de producción por esta exitosa temporada. Esperemos regresen pronto al teatro. Eso de sentarse a ver una función donde te ríes, lloras, las actuaciones y trama te sorprenden, se agradece. Felicidades a Jorge Salinas y a mi César Évora, orgullo de Cuba. Nos leemos el próximo viernes en El manual de la buena esposa