El Campo y el crimen(parte 3)

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En todos los estados ha repuntado el abigeato clásico de las películas de vaqueros. Sólo que en la actualidad el robo de caballos, vacas, borregos y becerros –entre otros– se ha modernizado. Se estima que el delito ha crecido hasta en un 50 por ciento porque también ha aumentado el valor de los animales. Lo practican grandes bandas como delincuentes comunes y ocasionales que, según los ganaderos, se aprovechan del clima de inseguridad que hay en el país. Muchos caen y rápido salen libres. Los dueños no denuncian por temor a ser secuestrados.

Al parecer ninguna autoridad lleva registro de los robos y lo que antes se hacía de noche ahora se ejecuta en pleno día: con armas de fuego, se amordaza a los dueños o cuidadores y se les amenaza o mata si se oponen. La crónica establece que el producto de los robos se comercializa en rastros clandestinos y también en negocios legales. El delito se comete en las carreteras principales, pero también en los caminos serranos poco transitados. Si antes se robaban una o dos cabezas, ahora son 20 o 30. Bandas bien organizadas asaltan los ranchos a punta de pistola y apoyados con camiones o tráileres se llevan vacas, toros y borregos y la mayoría de ellos son animales de engorda, listos para ser sacrificados y vendidos en las carnicerías o rastros. De cada tres asaltos, dos no son denunciados. Tan lucrativo es el negocio que, de acuerdo con Reforma, el ex Gobernador del PRI de Chihuahua, César Duarte Jáquez, también resultó cuatrero.

REPOBLÓ SU RANCHO

Al menos 900 reses que fueron compradas para apoyar a pequeños productores afectados por la sequía, terminaron en ranchos del cenecista y de funcionarios de su Gobierno, como el ex titular de la Comisión de Vivienda, Raúl Java lera o de familiares del ex Gobernador de Nayarit, Roberto Sandoval. Una investigación de Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI) reveló que a mediados de 2014, el gobernador norteño implementó un programa especial de “repoblamiento de cría” al cruzar reses extranjeras con locales.

El plan fue importar mil 48 cabezas de ganado Hereford y Angus, por las que se pagaron 700 mil dólares. El barco proveniente de Nueva Zelanda, que llegó en junio de 2015 a Mazatlán, era un edificio flotante de ocho pisos, cargado de vacas y borregos. Los borregos se fueron al Estado de México. Las reses se dividieron entre Hidalgo y Chihuahua. Sólo 145 animales llegaron a productores de esa entidad, por lo que muchos más se quedaron sin vacas. Además, perdieron una parte de los 20 mil pesos que tenían que pagar por cada res.

En documentos oficiales consta que el valor total de los animales superó los 700 mil dó- lares, unos 11 millones de pesos, según el tipo de cambio vigente entonces. Las vaquillas llegaron a México como “vientres”, es decir eran hembras y venían cargadas.