Anticorrupción

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Rafael Loret de MOLA

loretdemola.rafael@yahoo.com

Quienes fraguan nuestro destino a base de manipulaciones constantes y mentiras descaradas, insisten ahora en que quieren luchar contra la corrupción, el mal endémico de nuestro sistema que nos ha detenido en un punto muerto.

Por ejemplo, el señor peña asegura que, algún día –esto es cuando sólo le faltan diez meses o menos en la Presidencia; siempre queda la esperanza de que se retire si tiene un poco de vergüenza–, habrá de darse el sistema anticorrupción con la participación de personajes preclaros como Manlio Fabio Beltrones quien, de verdad, está en serios predicamentos judiciales, en Chihuahua, ya perdido su antiguo encanto de serpiente bailadora.

También José Antonio Meade Kuribreña, el abanderado del PRI que no es priista –una extraña amalgama para cantarse ciudadano y no político del sistema luego de haber sido cinco veces secretario de Estado, en dos ocasiones al frente de la Hacienda Pública–, tiene prisa, según dice, en cuanto a designar a un fiscal anticorrupción que, según él, estará destinado a frenar las ambiciones sin límites de quienes integran la clase política y han dado cauce al sexenio más amoral de los últimos tiempos, con sobornos millonarios de por medio y “moches” descarados que alegraron la existencia de priistas y panistas sobre todo. No puede olvidarse ni a Obedrecht ni a Higa.

Meade es un personaje de pulcras maneras, cortés y amable. Hasta ahora no ha caído en el tobogán de la soberbia como otros de sus aliados; pese a ello, el tema sobre la voracidad financiera de la clase política lo toca también a él por cuanto en sus funciones, sobre todo como secretario de Desarrollo Social –en donde blindó a la ex perredista enamorada Rosario Robles Berlanga–, y de Hacienda –donde siguió órdenes superiores para manipular, con las participaciones federales a los estados, a los gobernadores más “broncos” o susceptibles hasta que se le apareció el engendro de Javier Corral Hurtado para exhibir los nexos entre él, César Duarte –prófugo–, Manlio Fabio y el intermediario Alejandro Gutiérrez Gutiérrez (a) “La Coneja” y coahuilense muy ligado a los deleznables Moreira.

De allí que resulte sorpresivo el lanzamiento de la audaz versión sobre el intervencionismo ruso –montándose en la trama de la Casa Blanca como derivación del Kremlin–, en voz del tránsfuga por antonomasia, Javier Lozano Alarcón, en los entretelones de la campaña en pro de Meade; estando en juego el partido de peña es inquietante que se hable de ello sin que el gobierno mexicano explique la aparente intervención de Putin, a quien se debe en buena parte la victoria de Trump. Los locos hace tiempo andan sueltos, igual que los buitres y zopilotes.

En el gobierno ruso las carcajadas retumban por doquier. Si tienen metidas las manos en el proceso electoral mexicano, aseguran con ello una victoria incontestable de la izquierda y su icono; si no la tienen, de cualquier manera salen ganando con el registro de Andrés como uno de los elementos claves para la Latinoamérica del futuro. No miden el cansancio y la secuela de cardiopatías del abanderado de Morena: una cosa son las intenciones utópicas y otra los aterrizajes sobre la realidad.

Apúntenlo bien, amables lectores.

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