Daniel y Eva

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Daniel Bisogno

Mi señora doña Eva Mange, abuelita de Thalía y de mi querida Laura Zapata, cumplió cien años y me hicieron el tremendo honor de invitarme al agasajo; mi Laurita, como siempre detallista y amorosa con su abuela, fue quien le organizó el festejo en su casa de La Herradura, al poniente de la Ciudad de México; y como saben del amor que nos tenemos y que, gracias a Dios, todavía practicamos, está tan bien de salud física, mental y sexual mi amada doña Eva, pues se me tiene un cariño muy especial, que por cierto es muy bien correspondido.

Así que en punto de la una de la tarde llegué con mi señora y con mi hija, porque entre Eva y yo no hay secretos; desde que me bajé del coche aquello era un hervidero de medios de comunicación que estaban apostados afuera de la casa de mi Laura, esa casa que tantas escenas de amor ilícito han visto entre Eva y yo; fácil había unas cincuenta cámaras de televisión, micrófonos, reporteros, todos a la espera de una imagen o una declaración. Llegamos y la más entrevistada fue mi niña, desde que llegamos los reporteros empezaron a mascullar que adentro estaba Thalía, aunque nadie la había visto, pero era lo que se rumoreaba. Todos me preguntaron, sabiendo la cercanía sanguínea. que si yo sabía si era verdad que ahí estaba mi nietastra, pero como una noche anterior Eva y yo no pudimos charlar mucho, pues por el festejo nos habíamos entregado a la cuestión meramente sexual, pues la verdad es que no estaba yo muy enterado, así que no los pude apoyar en ese tema. Ingresé con niña y mujer y a los pocos segundos llegó mi comadre La Bigorra con mi ahijada Rafaella y con su tía recién llegada de Cuba; se paró junto a mí y empezaron a repartir los martinis de pepino antes de que diese comienzo la ceremonia religiosa para agradecer los 100 años de existencia de mi señora.

La primera con la que me encontré fue con Lucía Méndez, que anda feliz de la vida con su nuevo disco, que por cierto está muy bueno: canta todos sus grandes éxitos en vivo, y la verdad es que son un montón. Estaba encantada con mi hija Michaela y me dijo: “Con ella vas a pagar todas las que has hecho”, y tiene razón, ya ven que les he comentado que yo para mi hija soy su piruja: hace conmigo lo que quiere. Después saludé a mi Laura Zapata, que estaba guapísima con un vestido de animal print, también estuvo jugueteando con la Michaela, estábamos en eso cuando de repente todo mundo empezó a voltear y a mascullar y, efectivamente, en un vestido dorado bellamente enfundada apareció por la escalera nada menos ni nada más qué ¡Thalíam señoras y señores! Gloriosa, hermosa, bajó y lo primero que hizo totalmente encantadora fue abrazarme y decirme “Bisogno!!!! Holaaaa”, y como traía en los brazos a mi chamaca, pues como ven en la foto, lo primero que hizo también fue juguetear con mi Michaela, ¡y la niña haciendo jetas! Háganme el fabrón cavor! ¡Era Thalía y mi pinche niña no le hizo fiestas! Pero ella a la niña sí, simplemente encantadora! Se quedó platicando un rato con este su asqueroso servidor y se portó lindísima, acá entre nos, por algo es la estrella que es.

Aparecieron los sacerdotes, que por alguna extraña razón los mandaron traer de Monterrey y arrancó la misa; bajaron a doña Eva en su silla de ruedas, entre aplausos y gritos de felicidad. Y es que ¿cómo no? Cumplir 100 años no es cualquier cosa, y además cumplirlos en las condiciones que mi señora los ha cumplido, es un verdadero regalo De Dios. Está lúcida y en muy buenas condiciones, ¡100 años!, ¡100 años rodeada de amor! Y la verdad sea dicha, gran parte de ese amor se lo ha dado Laura, cuidando de ella de todo a todo, desde hace muchísimos años; está perfectamente cuidada y querida y todo eso es gracias a Laura.

Arrancó la misa y se sentaron Laura y Thalía junto a mi señora y yo empecé a recorrer la vista para ver quién estaba. Vi a Lupita Lara, a Lucía Méndez, a Sylvia Pasquel, Carlos Ignacio, Lilia Aragón, bueno hasta Margarita Zavala, a quien admiro profundamente, estaba por ahí. Llevaron un coro que cantó las alabanzas majestuosamente, mi Laura le leyó un poema que le escribió, terminó la misa y ya estaban las mesas alrededor de la alberca y se sirvió un bufet ¡fantástico! Todo mundo chupamos, comimos y departimos en familia, gracias a mi nietastra Laura por tanta atención; y a mi Eva la voy a festejar ya en la intimidad. ¡100 años y vieran qué elasticidad tiene mi señora!, y le compré unos juguetes que vamos a disfrutar juntos. Así que voy por mi cargamento de pilas. He dicho.