Diario Basta!

BREVES ELECTORALES

La semana pasada comentaba sobre las inconsistencias que presentaron miles de apoyos ciudadanos reportados por varios aspirantes a candidatos independientes, lo lamentable y preocupante que es para esta nueva figura.

El lunes 15 el INE señaló que fueron 28 de 65 aspirantes a candidatos independientes los que presentaron graves inconsistencias en sus apoyos ciudadanos. No es un número menor y sí resulta de llamar la atención.

Esto me da pie a reflexionar más sobre las candidaturas independientes. En la reforma constitucional y su implementación legal, se establecieron altos requisitos para contender por esta vía a la presidencia, senadurías y diputaciones federales.

Para la candidatura a la presidencia, se requiere recabar el apoyo de mínimo 866,593 ciudadanos (1% total del electorado del país), con una dispersión del 1% en al menos 17 entidades. Para el caso de senadurías y diputaciones, se debe obtener el apoyo del 2% del electorado de la entidad o distrito correspondiente, con una dispersión del 1% en al menos la mitad de distritos o secciones, respectivamente.

Ello implica que el aspirante ya debe tener una base de simpatías, apoyos o seguidores, ya que para este proceso no se pueden realizar actos de precampaña, ni contratar propaganda; por lo que parece difícil que los auxiliares en busca del apoyo ciudadano vayan pidiendo éste para alguien que nadie conoce.

Adicional a la documentación personal del aspirante, se requiere que acredite la constitución de una asociación civil, que tendrá que abrir una cuenta bancaria, para recibir y transparentar el financiamiento que utilice durante el proceso, a fin de que se pueda velar por la equidad en la contienda, de manera que deberá entregar informes al INE sobre el ingreso y destino de los recursos que utilice.

Con todos estos requisitos establecidos en la ley, es claro que hoy, cuando hablamos de un o una aspirante a una candidatura independiente, no nos referimos a una sola persona. Se requiere de toda una organización detrás de su figura. Todo un aparato trabajando a favor de alcanzar una candidatura independiente, un “minipartido”, que implica no pocos recursos humanos, materiales ni financieros.

Para obtener esta cantidad de apoyos ciudadanos sin promoción, el aspirante debe ser una persona que tenga un trabajo político previo en el país, entidad o distrito. Una figura pública que ya tenga detrás de él un nú- mero importante de seguidores.

Entonces, la reflexión que subyace es si realmente las candidaturas independientes representan opciones ciudadanas ajenas a la política, o bien, opciones políticas ajenas a los partidos. Yo tiendo a pensar que es lo segundo, y que sostener lo primero es meramente mercadotecnia política, dado el hartazgo que nuestra ciudadanía vive en relación a la clase política del país.