Meade fracasó

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Eduardo Betancourt

Es urgente para el PRI buscar una nueva opción. El dueto conformado por Carlos Salinas de Gortari y Luis Videgaray Caso, decayó de manera evidente.

Consideraron que un candidato de origen panista, apoyado por el PRI tendría éxito total. El escogido para tal objetivo fue un Secretario de Estado que trabajó tanto en el ré- gimen de los “azules” como en el tricolor: José Antonio Meade Kuribreña. El caso fue lamentable, los panistas no se identificaron con el ungido y los priístas menos, es un candidato sin presencia, sin ideología ni experiencia; se observa totalmente ajeno a esos mundos “grillescos” que rodean el proceso electoral mexicano.

José Antonio Meade es un técnico, se muestra conocedor del mundo de las finanzas pero no transmite para nada confianza, mucho menos liderazgo. Debería seguir siendo Secretario de Hacienda o postularse a la Presidencia del Banco de México; todo el colmillo del que es poseedor el terrible Carlos Salinas de Gortari, tuvo una derrota total, urge por tanto “enfermar” a Meade, usar un buen pretexto para dar paso a quien puede “salvarle el pellejo” a Peña Nieto.

Por otro lado, se observa una gran división en los ámbitos gubernamentales y la estrepitosa caída de Osorio Chong no dejó lugar a dudas; por cierto, es a quien, en el mundo cercano a Peña Nieto, se le considera un traidor que estaba haciendo un juego sucio.

La falta de contundencia y figura de Meade no se puede ocultar a nadie, simplemente les “falló el tiro” a quienes por sistema han manipulado al país, autores de la muerte de Luis Donaldo Colosio. Para nada deseamos suceda lo mismo a Meade, por ello lo mejor es que acelere su salida por motivos de salud y se evite esa manera perversa de actuar de quien los asesinatos y el robo son lo cotidiano, tengamos presente, “el señor sin pelo”, -nos referimos al que usurpó la Presidencia al no ganar las elecciones de 1988-; tiene toda una historia de crímenes donde su sirvienta fue una de sus víctimas, pasando lo mismo con su cuñado, con su mejor amigo y hasta estuvo involucrado en la sospechosa muerte de su hermano.

En síntesis, el tiempo de Meade se agotó; los priístas y el gobierno de Peña Nieto deben apresurarse, de lo contrario será patética la derrota del actual Gobierno federal.