La vida con los ídolos

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Daniel Bisogno

Cuando era niño, era casi un ritual levantarme todos los domingos a las siete de la mañana, ya ven que cuando uno es un muchachito caguengue no valora el sueño ni la posibilidad de poder levantarse tarde y dormir unas cuantas horas más, yo a las siete ya estaba despierto solo que tenía un pequeño pedo, en mi casa, mis papás y con justa razón, después de haber trabajado toda la maldita semana y pararse a temprana hora querían descansar, así que no se nos permitía hacer ruido y mucho menos despertarlos antes de las diez de la mañana, así que pues yo me prevenía con una buena cantidad de dulces que probablemente había yo adquirido en la piñata de la fiesta infantil a la que había asistido el día anterior y que por mi físico esbelto y menudito, me había yo quedado con todo el relleno, y me disponía a ver primero a Chabelo, que justo comenzaba a esa hora y durante una temporada, empezaba a las seis de la mañana, ahí me aventaba todo el programa y ya para las nueve que terminaba, ya me había yo empacado varios Bocatti, algunos Zels soda, algunos Chiclosos ko-ri, una que otra Nucita, varios Brinquitos y un Burbu soda. Luego de Chabelo venía Odisea Burbujas, que no es por nada pero era mi programa favorito, ahí empecé a jugarme el Pistachón, pensando en la Mafafa y en la Memelovsky, queriendo acariciar el Mimoso con El Ecoloco.

Odisea Burbujas era mi programa favorito

Y para el final de Odisea Burbujas, pues yo ya había estado haciendo hambre, pues los caramelos ya los había yo digerido, en la televisión seguía Hoy mismo en su versión dominical, conducido por Guillermo Ochoa, Lourdes Guerrero y Juan Dosal en los deportes, era muy bueno, pero ahí es cuando yo despertaba a mis papás, para que nos fuésemos mi papá y yo a la panadería de Villa Coapa, que era la que nos quedaba a tiro de piedra y mi mamá se bajaba a hacer el desayuno, después regresábamos con nuestras tres piezas de pan dulce respectivas para cada uno y yo con mi cuento de dibujos animados de Parchís que compraba en el puesto de periódicos de afuera de la panadería.

Llegábamos a la casa, desayunábamos opíparamente y luego, a las doce, jugaba el América y mi papá siempre ha sido pambolero de corazón y aunque su primer equipo es el Toluca, su segundo en amores son Las Águilas del América, equipo que a mí me cautivó y desde entonces, muy pequeño, me convertí en americanista, domingo a domingo veía a mis águilas, vi desfilar a cualquier cantidad de jugadores que hicieron las delicias de mis domingos, pues le pese a quien le pese, el América es un equipo ganador, aunque muchos hagan corajes esa es la verdad, pasaron los años y yo me fui volviendo más y más americanista y me tocó la era grande cuando estaban Cuauhtémoc Blanco, Omán Biyik, Kalusha, Zague, una época de grandes triunfos comandados por el holandés Leo Beenhakker, ¡un equipazo!

Y ya que mencionamos a Zague, de él es de quien les quiero platicar, se convirtió en uno de mis grandes ídolos, aquel extremo por la izquierda con una pierna zurda privilegiada y una velocidad increíble hicieron que yo disfrutara plenamente del juego que, Luis Roberto Alves Zague, le regalaba a la afición, hijo de otro gran futbolista brasileño apodado El lobo solitario, Zague nació en Mé- xico mientras su padre jugaba también en el América y fue traído, el padre, por Emilio Azcárraga Milmo para jugar en su equipo, así que Luis Roberto Alves Dos Santos Gavranic Zague, es mexicano, aunque de sangre brasileña, una vez lo vi meter siete goles en un solo partido, yo era estudiambre, así que mi presupuesto era más que reducido, por lo que me tocó sentarme en los palomares atrás de la portería, era un partido contra Martinica y como bien les digo, me tocó ver que Zaguiño ¡hiciera siete goles! De ahí creció y continuó mi admiración por Zague y su forma de jugar fútbol, siempre leal a la camiseta americanista hasta al final de su carrera, que por algún malnacido tuvo que terminar en el Necaxa, sin embargo, siguió con actividad en el fútbol aunque ya no en las canchas, sino en lo que rodea al deporte, como directivo primero y como comentarista después, en las dos cosas haciendo un gran papel, como comentarista en Televisa hizo un buen trabajo y después en ESPN yo no dejaba de ver Fútbol picante, donde mi Zague era pieza fundamental, varias veces eché el hígado con los corajes que me hacían pasar cuando lo atacaban a él y a todos los americanistas, ya ve usted como son los pinches envidiosos, pero cuando fui más feliz fue ahora que anunciaron su llegada a TV Azteca, eso sí me llenó de emoción, además de que como les cuento, soy su fan, creo que puede ser una pieza muy importante para complementar el equipo de comentaristas en Azteca, que creo que ya de por sí es muy bueno, pero Zague puede aportar muchísimo en la objetividad y en el desempeño del grupo, más me llevé de alegría cuando supe que lo tendríamos de invitado en Ventaneando y no desaproveché la oportunidad para decirle todo lo que pensaba de su persona, nos abrazamos, nos reímos y le pude dar la bienvenida a la empresa, su casa, le platiqué que yo quería mucho a su esposa Paola Rojas, pues compartimos la misma estación radiofónica durante varios años, Radio trece, me contó de sus hijos, que uno tiene muchas cualidades para el fútbol, así que no duden de que pronto haya un Zague tercero. Un sueño más cumplido público querido, compartir la vida con los ídolos. He dicho.

Zague se integró al equipo de TV Azteca