Un gran anfitrión, Ariel Miramontes

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Raquel Bigorra

Si están pensando en pasar un fin de semana espectacular en Cuernavaca, La Villa del Bordo es el lugar. Bueno, no me haga mucho caso con el nombre, lo que pasa es que así me gustaría que Albertano, Ariel Miramontes, le llamara a su humilde morada en Cuernavaca. Es una casita con tan buena energía y Ariel se encarga de tratarnos tan bien, que debería ser hotelero o algo así, porque vaya que es un gran anfitrión.

Usted va a decir que les estoy vendiendo puro humo y sí. Mi Albertano es del Bordo de Iztlahuaca y ya me dijo que no le alcanza para poner hotel y menos boutique. ¿Pero qué cree? Soñar no cuesta nada.

Nos invitó a Cuernavaca este fin se semana y allí estuvimos bañándonos en su alberca fría, para no hacerle el gasto con el gas. No se crea. Mi Ariel es un gran anfitrión y sus hijos, ni se diga. El más chico, El Chino, me pidió ser su novia, y el mayor, Quetzal, se enamoró de Rafaella. Este último estuvo muy atento jugando a los carritos con mi niña, por suerte no los chocaron. Mi marido con un ojo al gato y otro al garabato, pues resultaron tremendones los chamacos.

La casa de Ariel se ha vuelto un lugar de encuentro para los amigos. Cada fin de semana llega todo tipo de gente. Desde amigos de la juventud, como un par de gemelos que si no me llegan a aclarar que nacieron de la misma bolsa, yo hubiera pensando que el tequila estaba pegador.

Uno me recibió  en la puerta y nos ayudó con las maletas. El  otro estaba haciendo carRaquel Bigorra AHÍ VIENE LA BIGORRA Un gran anfitrión, Ariel Miramontes Twitter/@rbigorra ne asada dos pasos más adelante. Yo pensé que veía doble, pero no, Arielito se adelantó a aclararme que los muchachos eran hermanos.

Más tarde arribaron más amigos y vaya sorpresa que me llevé, pues la pareja era muy conocida para mí. Un famoso pintor cubano y su esposa decoradora; les había perdido la pista por aquello de que uno cambia de amores y le pierde la pista a los buenos amigos. Tan bien la pasamos y tan buena se puso la plática que yo salí de la Ciudad de la Eterna Primavera con un gato, hijo de la invitada de Ariel.

Al otro día, bien temprano, después de haber disfrutado de las deliciosas costillas de puerco, carne asada y sabrosa plática, pasamos a casa de los amigos cubanos. Nos brindaron un cafecito bien cargado, nos dieron al minino bañado y agarramos carretera, entre la maullada del gatito y mi hija tratando de arrullarlo en las curvas, como si fuera un bebé.

La amiguita de Arielito anda colocando a los hijos de su gata recién parida. Miramontes acaba de adoptar a una perrita que andaba perdida en la calle. Un amigo se la trajo y anda Mishu con el Kalimán. Cabe señalar que son dos perros pequeños, pero ya ve como son los artistas de excéntricos. Le pusieron Kalimán para que uno crea que ahí vive un Doberman, cuando en realidad es un perro callejero que su bisabuelo fue un chihuahua. Los perritos son un encanto y vaya, bien portados y cariñosos que son, pero no creo que se adapten a la compañía de un gato. Por eso Ariel no se quedó con ninguna de las bellezas que ofrecía nuestra amiga. Ya casi lo tenía convencido cuando yo le dije que me llevaba a uno. Todos contentos con la noticia, las perritas de Ariel, más.

Además de actor y comediante, mi Ariel es un excelente pintor. Se sorprenderían si vieran su obra. Tiene en las paredes de su casa una buena muestra de su maravilloso trabajo y todos nos quedamos siempre aplaudiendo su arte. No cabe duda que es muy talentoso y no solo para escribir. Ahí anda metiéndole también mano al texto de A oscuras me da risa, pues pronto nos vamos al teatro.

Ya les contaré cómo vamos con los preparativos, elenco y detalles. Muero de emoción por subirme al escenario con una bola de amigos profesionales como Ariel Miramontes, que hacen hasta lo imposible con tal de sacarle a usted una carcajada. Ya andaremos de teatro en teatro cuando salgamos de gira.

En lo que arranca la temporada de teatro, seguiremos dándonos las escapadas a la casa de Ariel en Cuernavaca. Es un lugar mágico gracias a la compañía de Albertano, familia y amistades, pero también a los rincones llenos de magia y detalles que con su buen gusto ha logrado crear. Por eso los cuates  cercanos lo andamos motivando para que en un futuro se haga de un negocio. De que le sabe a la decoración, le sabe. El problema es el presupuesto, dice Ariel.

“No me compro ni un reloj, ni un par de zapatos, nada nada, no quiero gastar, quiero ahorrar para asegurar mi vejez”, me dijo. Cuando vemos cómo la han pasado amigos que trabajaron tanto, como El loco Valdés, uno se pone a pensar en el futuro. Así que hay que ahorrar para invertir en algo. Ya le dije que pongamos un cabaret pero tampoco nos alcanza y yo ya estoy mayor para sacar las plumas y lentejuelas. Mejor, zapatero a tus zapatos. Nos vemos en el teatro.

¡A gozar, que el mundo se va a acabar! Mi agradecimiento desde aquí a Ariel Miramontes, mejor conocido como Albertano, por ser un gran anfitrión y recibirnos de una forma muy especial en su casa, en familia. Ya los arañazos del gatito es lo de menos. La pasamos bomba este fin de semana. Nos leemos próximo viernes en El manual de la buena esposa.