Presidentes de partido

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FOTO: GALO CAÑAS /CUARTOSCURO.COM
Eduardo Betancourt

En una conocida estación televisora comparecieron los 3 presidentes de partido de importantes candidatos; por un lado Yeidckol Polevnsky, Presidenta de Morena, Enrique Ochoa, del PRI y Damián Zepeda, del PAN.

Escucharlos fue verdaderamente lamentable, vergonzoso y sin duda una reunión de gente de muy baja estofa. Cual si fueran alcohólicos de cantina de mala muerte hicieron un evento repugnante de México, se imputaron con palabras altisonantes todo tipo de ilícitos, era un auténtico concurso de difamaciones, tal vez hechos ciertos pero que al final dejaron el mal sabor de que los partidos que representaban eran de lo peor, ninguno se salvó, los 3 fueron pedestres, sumamente indignos, ninguno merece la más mínima consideración.

La señora Yeidckol de Morena se volvió iracunda, agresiva, a punto de lanzar golpes defendiendo a su candidato el famoso “Peje”; habló de él cual si fuera un héroe nacional, solo le faltó considerarlo el nuevo Benito Juárez, pero al final de cuentas no contestó planteamientos que se le hicieron, como ¿de qué ha vivido “el Peje” durante tantos años?; tampoco contestó sobre sus ligas con los sinvergüenzas como Bejarano y no se diga el famoso de la Sheinbaum. No dejó en claro su proyecto de la amnistía a delincuentes, agregaríamos que la señora tampoco dio a conocer los efectos psiquiátricos que le dejó al “Peje” el haber matado a su hermano, algo que los mexicanos debemos conocer. Son muchos los cuestionamientos sobre “el Peje” que lo ubican como alguien que no merece bajo ningún concepto ser considerado candidato a la presidencia.

Ochoa también mostró su más elocuente y escandaloso lenguaje, prosaico, agresivo y sin contenido. Se dedicó a ofender igual que sus entrevistados y no especificó nada de las acusaciones que recibió el señor Meade, por momentos mostró su desesperación. No precisó si Meade era priísta o panista, algo que es su obligación informar al pueblo, tampoco habló sobre la inexperiencia de su candidato, mucho menos aclaró por qué el PRI no seleccionó a ninguno de casa y tuvo que acudir a un candidato externo. En el mismo tenor evitó precisar el alto grado de corrupción por el que atraviesa México y sus causas.

Tal vez tenemos que reconocer, el menos incorrecto fue el presidente del PAN, Damián Zepeda, pero no por eso dejó de ofenderse cuando se le acusó de corrupto y lejos de mostrarse sereno, empezó a amenazar, a ofender, en fin, se salió de sus casillas.

A final de cuentas fue un espectáculo bochornoso que muestra el bajo nivel de la política mexicana, con lo cual habremos de concluir que no hay alternativa. Los presidentes de Morena, PRI y PAN no tienen estatura ni categoría, son pillos, falsarios y muestran que solo descalifican y para nada construyen.