Diario Basta!

Reverencias oficiales

Como es costumbre, la cuesta de enero es creación de las políticas gubernamentales; esto es, peña ahora puede confundirse con Mahoma –sin que me lo tomen como una falta de respeto a este guía espiritual–, por aquello de que la montaña va hacia él y viceversa, aunque en el caso del mandatario mexicano no es para renovar la fe, sino para aplastar su propia hipocresía mientras los gobernados se debaten por la caída del poder adquisitivo.

Nos saludan con un aumento al precio de la tortilla francamente insultante. El alza del alimento básico de los mexicanos, porque se debe importar maíz luego de que en 1990 el gobierno declaró la autosuficiencia en este grano con intervención de Carlos Hank González, complica el equilibrio social, lo cual es de alto riesgo en un año electoral y con la ciudadanía explicablemente rencorosa, y anula cualquier perspectiva democrática para salvaguardar, sobre todo, las complicidades y arreglos soterrados de un mandatario a la deriva, sin elotes en su mesa.

También iniciaron los asesinatos políticos al caer el precandidato priísta a la alcaldía de Atoyac, en el incendiado Guerrero negro, Adolfo Sema Noguera. Fue un mal presagio, de entrada, contra el optimismo de quienes disfrutaron la hermosa luna de Año Nuevo y enseguida sugirieron que ello era una suerte de mensaje divino, como el que solicita Ricardo Anaya, el niño sabio que aniquiló a dos partidos en un santiamén, cuando pregunta a un pequeño robot, de esos de moda, si el PAN –no el Frente– ganará la Presidencia. Chiquillo al fin y bastante ambicioso como políglota