Recuento de los daños

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Armando Ramirez

A ver haga el recuento de los daños, como diría la Trevi, del 2017, qué tal le fue en esta Ciudad de los palacios y los gasolinazos, ya vio cómo va a ser el nuevo Reglamento de Tránsito, o sea que su carcachita desde que entre al verificentro la van a ver con malos ojos y no le quiero pregunta cuánto le aumentaron a su salario.

No todo fue tan mal, en muchas colonias tendrán banquetas nuevas, eso sí, después de una buena temporada de estar polveándose hasta las nachas y unos embotellamientos que a los automovilistas de la CDMX los deberían de embotellar como refrescos. ¿Y la delincuencia? ¿Se siente más seguro en las tierras donde se apareció la aguilita o se siente pior que si viviera por los rumbos del Cerro de La Silla? Son preguntas de chilango a chilango. Eso sí, felicidades, ya estrenó nombre su ciudad ahora se llama CDMX, perdón, Ciudad de México, pero ya ve cómo somos los chilangos de flojonazos para hablar, en vez de decir, vivo en el Distrito Federal, contestábamos, en el De Efe, y ahora viven en la Ciudad de México, no en la CDMX.

Estrenamos puentes y pasos a desnivel, pero resultaron como la carabina de Ambrosio, zúrrate esa, fluyen los autos en las vías rápidas pero si se quiere salir tómala mi chafirete, el que hace la cola, la hace más larga, chúpatela, digo, lo que se ganó de tiempo se perdió a la salida, chanclas.

Y con eso de que se liberó el precio de la gasolina están apareciendo por la Ciudad las gasolineras dizque británicas o gringas u otras de no sé dónde y las de Pemex. Para mí cómo dijo el ínclito ciclista Porfirio Remigio, cuando le preguntaron si sus rivales, un ruso y un gringo, los veían pelón, y él contestó, para mí que son hojaldra con cajeta.

Ya entramos al capitalismo, la competencia mejora los precios, miren, en una vale 16. 52 y en otra 16. 55 o 16. 53, o sea como el tío Lolo, eso sí los litros de gasolina siguen cómo antes, bien medidos para que no digan que dan litros de 900 mililitros, y por más que los automovilistas voltean a ver el medidor de la bomba de gasolina cuando le grita el despachador, ¡en ceros! Y usted ve los ceros que se transforman en friega en cientos de varos uy se va con la sensación de que, volvieron a verle la cara de oriundo de Tanpendécuaro, han de decir, qué tanto es tantito.