¡Cuesta arriba!

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Rafael Loret de MOLA

loretdemola.rafael@yahoo.com

Aunque a los muchachitos les falta todavía encontrarse con los Reyes Magos, los adultos comienzan a recoger las cenizas, los restos de la piñatas, los alimentos sobrantes que, la verdad, pocas veces se consumen, hasta recuperar a las compañías ineludibles de los últimos años: la impotencia, acaso el rencor y la apatía política que nos debilita, a cada rato, como factura del insuperable, hasta hoy, temor social.

Concedo que no es amable iniciar 2018 con una escala de pesimismo pero, por desgracia, cualquiera otra cosa, estando como está la realidad, sería tanto como caer en el hondo abismo de la demagogia sin redención posible. Y, francamente, prefiero lo primero aunque se me acuse de ser una especie de cuervo maldito contador de las oscuras reseñas sobre las infestadas e infectadas cuevas de la incivilidad y el despropósito políticos. No es que me guste el papel, pero la vocación, a través de cincuenta años de profesión, me impulsa a arrebatar del rostro de nuestros lectores las vendas de la impudicia y la simulación.

En fin, como viene sucediendo en cada sexenio incluidas sendas alternancias, nos vemos obligados a iniciar el último ciclo anual del peñismo, acaso el peor de la historia en más de una centuria en la que alternaron héroes y villanos que rompieron con cuanto de bueno aportaron los primeros bajo presiones inconfesables, sea de la gran potencia universal o simplemente como efecto de la impostura social ante los abusos reiterados de poder, tolerados por comodidad o ignorancia, hasta que se convirtieron en parte integral de la estructura gobernante; político sin dinero, recitaba Hank González, es simplemente un pobre político.

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