El número de la bestia

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Daniel Bisogno

Hoy cumplo mi columna número 666, sí señoras y señores, el número de la Bestia, el número de Satanás, Bael, Mephisto, Belcebú y mejor ya no le sigo con los nombres del príncipe de las tinieblas, porque dicen que después se nos aparece y yo ya estoy acostumbrado, pero a ustedes me les van a sacar un mega pedo, curioso que el número del Diablo, el 666 y el número de columnas que hasta hoy llevo escritas, en este su querido Diario BASTA!, se cumplan justo el día que les voy a hablar de la Navidad, no vaya yo a ser El Anticristo, el Damien de La profecía, la Regan de El exorcista, El bebé de Rosemary, ¡que pinche miedo! Aunque creo que por la edad ya chupé faros y nada más sería una criadita del Diablo.

Pero a lo que te truje chencha, les platico que ando algunos días de vacaciones, decidimos venir a Houston, donde los papás del esposo de la hermana de mi mujer tienen una casa, suena a gorronería, y lo es, pero que quieren que les diga, si amablemente nos invitaron y pues aquí estamos, ahí nos tienen llegando con carriola, maletas, pañalera, niña, como decía mi abuelita, llegamos como húngaros, pero desde antes empezamos a hacer el oso, esta vez ya no nos llevamos a la nana de mi hija, porque era mucho encaje, pero imaginen ustedes la llegada al aeropuerto, cabe mencionar que a mi Michaela la tuvimos que levantar a las 2:30 de la mañana, pues agarramos el vuelo tecolote que sale a las 6 de la mañana, porque nos salía más económico y en esta época no se puede de otro modo, así que ni pedo, la niña se levanta a las 2:30 de la mañana y se chinga, la chamaca pensé que iba a ir echa un demonio, de malas y llorando, pero cual va siendo mi sorpresa, que la niña iba con un carácter maravilloso, iba echando porras a mamá, a papá, cabe mencionar que mi hija tiene un año nueve meses, pero habla como si tuviera veinticinco años, simplemente no le para el hociquito, con decirles que se sabe más palabras que mi Cuauhtémoc Blanco querido, solo para que se den ustedes una idea, llegamos al aeropuerto como marchantas sin camión, documentamos, subimos las maletas, pero veo que ya que teníamos los pases de abordar, mi vieja aún tenía miles de maletas que yo consideraba que tendrían que ir abajo, en la cajuela del avión, y ya ven luego como son las señoras, que saben que la están cagando y cuando les dices, todavía se encabritan como si él idiota fuese uno, todavía encabronada me dice que una es la carriola, otra la pañalera de la niña, otra su bolsa de mano y la otra su maleta de mano, donde trae, entre puras cosas verdaderamente inservibles, una almohada, ¡hágame usted el fabrón cavor! Ya se podrán ustedes imaginar la cara con la que nos veían mientras guardábamos tales municiones en el portaequipaje, fue el último viaje de mi hija sin pagar boleto, pues a fines de febrero cumple los dos años, así que decidimos aprovecharlo, no paga boleto, pero por lo tanto, tampoco tiene asiento y debe viajar en las piernas de los padres (¡si yo supiera quién es el suyo!), así que en una hilera de tres asientos íbamos nosotros dos, mi niña que como quiera ya está petaconcita y una mujer de color discreto, para no llamarla afroamericana, ¡con un pedorro inenarrable! Con decirles que cuando vio el asiento, a ojo de buen cubero, supo que tendría que hacer algo para meter ahí semejante promontorio, así que primero dejó caer una y posteriormente exprimió y embutió la segunda, es decir, que ante cualquier adversidad en el vuelo, ella tendría que flotar en el océano o aventarse por el tobogán con el asiento puesto, es más, yo creo que lo tuvo que expulsar a pedos para poderse levantar, así que imaginen ese cuadro dantesco de nosotros cuatro sentados ¡en esos tres asientos!

Por fin llegamos a Houston, pero ahí no era la cosa, hay que mencionar que los suegros de la hermana de mi esposa tienen la casa en un lugar muy pipirisnais, que se llama Woodlands y que la verdad es como el lugar donde siempre, desde niño, imaginé la Navidad, casas de dos aguas estilo un poco de la Edad Media, en un bosque de coníferas, todo iluminado por todas partes, un verdadero sueño hecho realidad, pero a mi hija, acá entre nos, ¡le valió puritita madre! Yo espero que en un futuro, cuando ya tenga noción del precio de las cosas, lo valore, aunque hay mucha gente que no llega a tener noción, pero la verdad es que mi Michaela está acostumbrada a ser el centro de atención, del lado de la familia de mi mujer, es la primera nieta y la primera sobrina, y del lado de mi familia la segunda, así que imaginen ustedes lo consentida que está, esta Navidad la llenaron de juguetes, más lo que le trajo el pinche Santa que a mi nomás me los cobró, la niña parecía niña rica, no sabe que tengo que pagar todo a treinta y seis meses sin intereses, pero la pasó feliz, sin saber que yo tuve que convivir con mi suegra durante varios días y con el resto de la familia de mi mujer con tal de que ella ¡fuese feliz! Sacrificios que hace uno por los hijos, no me dejarán mentir, lo bueno es que donde sea, uno impone su ley de macho de la casa y no se deja uno mangonear por nadie. Bueno me despido porque ya no tengo mano para seguir escribiendo, porque estoy tallando y desmanchando una pantaleta de mi suegra que dejó medio piteadita el 24, pero fue mi culpa porque creo que le puse demasiado aceite de oliva al bacalao. He dicho