Simbiosis extraña

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Rafael Loret de MOLA

loretdemola.rafael@yahoo.com

Expreso una teoría audaz fundamentada en los hechos atestiguados y en las tendencias gubernamentales. En cierta medida no habría otra explicación a las inversiones del exterior en un país visto como uno de los más violentos del mundo y, por ende, inestable y en vías del colapso del “estado fallido” en el que el gobierno pierde toda autoridad moral y el monopolio de la violencia –así se describe–, por efecto de la intervención de subversivos, desde guerrilleros hasta instituciones armadas ajenas –digamos los marines infiltrados–, o la paulatina entrega del poder a los mandos militares quienes, en México cuando menos, no quieren este papel acaso porque algunos tienen más dignidad que el gobierno civil a pesar de sus atropellos.

Con la iniciativa del panista Roberto Gil Zuarth, el mejor alumno de calderón, sobre la Seguridad Interior del país, todo quedó despejado: la clase política dominante, hija de la partidocracia y el presidencialismo, quiere tirar la pelota al ejército porque es evidente su incapacidad para proseguir en medio de trescientos diez mil cadáveres – desde 2008–, siembra estéril de los dos sexenios últimos, el calderonismo panista y el peñismo priísta, tan malo el pinto como el colorado… aunque lo del presente parece dramáticamente insuperable.

Pues bien, es inexplicable que los inversionistas del exterior se interesen en tomar el riesgo de expandirse en un país considerado violento y en ruta hacia el caos si el fraude electoral culmina en medio de la ira, el rencor profundo y la repulsión de los mexicanos ya no por sólo hacia el PRI sino al sistema mismo.

 

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