Los “salvados”

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Rafael Loret de MOLA

No es explicable, aunque sea evidente, la razón por la cual algunos exmandatarios son perseguidos judicialmente y otros, en cambio, gozan del favor de la impunidad con la inocua aplicación de la medicina del tiempo, es decir bajo control de la amnesia colectiva tan productiva para los sinvergüenzas que forman la escoria oficial. Pese a ello, no hemos sido capaces, los mexicanos en su conjunto, de hacer valer el peso de la soberanía popular ante la pequeña elite que nos asfixia desde las alturas del sistema. Hace unos días, dialogando con un apretado grupo de amigos con enorme experiencia en las cuestiones de la vida institucional –era yo el único disidente–, uno de ellos, quien por cierto pasó una temporada en la prisión cuando cayó en desgracia para luego levantarse sin perder su condición de priísta, habló con fervor sobre la dureza de nuestro peculiar establishment que rebasa la fuerza presidencial y a la partidocracia para envolvernos guiado por quién sabe cuántas manos aviesas. Y decía, claro, que tal estructura acabaría imponiéndose a la hora de los comicios del 1 de julio venidero con José Antonio Meade a la cabeza. Me negué a refrendar tal tesis porque considero que, en cualquier caso, incluyendo las oposiciones, todos los precandidatos actuales son hijos del sistema, incluyendo a Andrés quien mucho habla de la mafia del poder pero pocas veces analiza lo que significa la estructura férrea que la sostiene. Se hace evidente, en esta hora, que la recta final de la contienda presidencial tendrá a Morena y al PRI como referentes ante los retrasos del Frente Ciudadano y sus predecibles divisiones internas.