Largo invierno

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Jaime Hernández El Bronco
Rafael Loret de MOLA

loretdemola.rafael@yahoo.com

Nos espera un largo invierno. Frío, muy frío, en el norte del país allá donde la impunidad ha echado raíces y no parece dispuesta a ceder un ánimo. Observen a los gobernadores de las entidades fronterizas; basta con eso para llenarnos de horror: los caciques Moreira, Kiko Vega, entenado de Jorge Hank, Claudia Pavlovich Arellano, discípula de Beltrones, el tamaulipeco cínico, Francisco García Cabeza de Vaca –o de buey–, el repudiado ex de Chihuahua, César Duarte Jiménez, malabarista de conexiones non santas, tantas que su sucesor, Javier Corral Jurado, no puede encontrarlo para procesarlo y, finalmente Jaime Hernández Calderón, El Bronco, a quien nadie quiere darle tiempo porque no ha cumplido sus promesas ya rebasadas, entre ellas las de formar auditorías y juicios a su antecesor Rodrigo Medina de la Cruz. De todos colores, menos amarillo, en una gama espectacular de corrupción, miseria humana y fantoches.

Sólo en el sur podrá sentirse un poco más de calor, gracias a que los grandes “capos”, los de a “deveras”, han fincado por allí para proteger a sus familias que han invadido ciudades como Mérida, Cancún e incluso Villahermosa y Campeche. Por eso mantienen tranquilas, en cierto grado, las urbes en donde se han acomodado con el beneplácito de los gobernadores, bien maiceados, para derramar parte del dinero sucio obtenido mientras, claro, se persigue a los periodistas, desde Veracruz hasta Quintana Roo, conjuntando a mercenarios de la pluma como principales infanterías para defender latrocinios, componendas, persecuciones a los disconformes y, sobre todo, asesinatos que jamás se esclarecen.