Rafael Loret de MOLA

loretdemola.rafael@yahoo.com

A estas alturas del recién inaugurado proceso electoral, con incertidumbre sólo en la fusión de la ultra derecha y la izquierda dubitativa, el PAN y el PRD para ser más precisos, es obvio que se han dado ya movimientos de piezas y estrategias ante la sorprendente reacción de la clase política, la sorpresa de parte del electorado y las encuestas que no dejan tranquilos a los aspirantes y sirven para inducir caminos que, acaso, no habrán de recorrerse. Ni modo que con tan poco se olviden las afrentas. Veamos:

1.- Para desconcierto de muchos, el simpatizante priísta, José Antonio Meade, exhibe una seguridad pasmosa ante la evidente repulsa de la ciudadanía al peñismo y al PRI. Más allá de pujas internas es evidente que estas cesaron en cuanto se produjo el “destape” y comenzó a hablar el aspirante, con suavidad en la voz y dureza en los conceptos sobre sus adversarios.

2.- El llamado Frente Ciudadano, como pronosticamos a tiempo, debate por su supervivencia a sabiendas de que, por primera vez, la derecha y un sector de la izquierda se unen con el objetivo común de derrotar a Andrés y su Morena, sin darle importancia, hasta hace unos días, al abanderado priísta. Contra Ricardo Anaya se da un fenómeno similar al del TUCAM –todos unidos contra Madrazo–, fenómeno que desplazó, con no pocas traiciones de algunos gobernadores, a Roberto Madrazo en la candidatura priísta de 2006; el nocaut de éste fue fulminante.

3.- Finalmente, Andrés y sus incondicionales, siguen seguros de vencer pero no toman a chiste ya al supuesto priísta con quien compiten.