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Con la entrada a la jornada electoral del próximo año, las situaciones entre los partidos se definen principalmente en el instituto que mantiene el poder. Sucede que José Antonio Meade Kuribreña resultó el beneficiado con el dedo presidencial. Para empezar, es vergonzante que a millones de priístas se les imponga un candidato que no es del PRI y que éste todavía diga que entre sus intenciones no está afiliarse al tricolor.

Por el lado del rival más poderoso, que es Andrés Manuel López Obrador, se debe destacar que su recién anunciado Plan de Gobierno, un documento de casi 500 cuartillas, ha sido criticado hasta por sus más fieles seguidores que lo tachan de neoliberal, de una estrategia temerosa que contrasta con el decir del persistente candidato y de un cúmulo de promesas que de tan necesarias se quedarán sólo en eso, pues no hay claridad en el cómo lograrlas. O sea: Más de lo mismo.

Al menos eso es lo que han dejado entrever algunos morenistas. Con respecto al PAN, PRD y Movimiento Ciudadano, basta decir que carecen de pre candidato debido a las ambiciones personales de Miguel Ángel Mancera y Ricardo Anaya. Queda por mencionar a Marichuy la representante de los más pobres del país, los indígenas, que con muchos obstáculos del gobierno –INE– recorre el territorio nacional con el fin de lograr las 860 mil firmas que le garanticen competir de manera independiente. Su presencia en la UNAM desbordó la pasión hacia ella por ser la voz de los oprimidos.

Pepe Toño, como ha empezado a popularizarse con la tradicional ‘cargada’, es un itamita más que llegó a las alturas administrativas públicas para quedarse. Está cerca de arribar al medio siglo de vida y ya ha ocupado las máximas carteras en las secretarías de Hacienda, Desarrollo Social, Energía y Relaciones Exteriores. Como rector de las finanzas del país ha repetido en esta administración pues antes tuvo el mismo desempeño con la de Felipe Calderón Hinojosa, lo cual demuestra que pocas son las diferencias ideológicas entre el Partido Acción Nacional y el Revolucionario Institucional moderno. Es decir, que en lo esencial a México lo ha gobernado la derecha formal desde Vicente Fox, aunque sus cimientos están en el neoliberalismo acentuado con del priísta Carlos Salinas de Gortari, ejecutor de cientos de dependencias públicas que para muchos, por ejemplo los campesinos, son hoy anheladas.