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Otros funcionarios no se quedarán atrás si nos atenemos a los anexos del presupuesto mencionado en los que otra vez Basilio González Núñez sigue con uno de los salarios mensuales más altos dentro de la Administración Pública Federal en que registra gran antigüedad.

Pero vayamos a un estudio elaborado por la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) bajo la firma de Juan Manuel Hernández Niebla porque va a las diferencias existentes con respecto a los salarios mínimos que hay en México, Estados y Canadá, integrantes del TLCAN.

En el mismo se reconoce que si se sigue con la metodología de los ajustes inflacionarios como elemento para fijar el mínimo sería hasta el 2043 cuando se lograría el máximo del poder adquisitivo que ha tenido el minisalario, que fue en 1972 y que a nivel de valor presente equivaldría a 253 pesos diarios.

Obviamente el reporte patronal niega la advertencia estadounidense de que el salario mínimo en México se encuentra aplastado y que eso beneficia a los exportadores mexicanos en perjuicio de la economía yanqui. Un análisis de María Rodríguez, elaborado en julio de este año, dice que en Estados Unidos el gobierno federal fijó esa percepción que no ha cambiado desde julio de 2009 en 7.25 dólares la hora, que es igual a 58 dólares por día y 1,740 dólares al mes, que en moneda mexicana actual equivalen a 34,800 pesos.

Cierto es que la cantidad puede variar según se trate el estado de ese país, aunque el promedio es el señalado y por muchos argumentos de nuestro lado la diferencia es abismal.Por eso es que millones de mexicanos han arriesgado y arriesgan su vida para irse a trabajar a los Estados Unidos y que desde ahí envían remesas que ya superan los 26 mil millones de dólares anuales.

Igual hay que considerar que la propia Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico ha establecido desde hace mucho que los mexicanos tienen el peor salario de los países que integran a esa OCDE. Una nota de Sin Embargo con fecha del 11 de abril de este año, cita que de acuerdo con el Observatorio de pobreza y desigualdad de las Universidades Jesuitas de América Latina, el salario mínimo en México es cinco veces menor de lo que debería ser para que una familia se ubique por arriba del bienestar mínimo y que en consecuencia sólo el 21 por ciento puede comprar la canasta básica recomendable,incluido ahí el 10 por ciento de la población con mayores ingresos.