Santuarios fallidos

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Rafael Loret de MOLA

loretdemola.rafael@yahoo.com

 

La moda entre los emigrantes mexicanos, sin papeles e incluso residentes en los Estados Unidos, es aglomerarse para fundar nuevas villas y pueblos a los que llaman “ciudades santuarios”; igualmente, hace unos días, el alcalde de Chicago, Rahm Emanuel, quien fuera además jefe del gabinete a las órdenes de Barack Obama, insistió en que su ciudad, una de las mayores concentraciones humanas del vecino país, sería “un santuario” para quienes llegaran con perspectivas de trabajo y con la seguridad de que no serían perseguidos; esto es, deberán para ello cruzar casi todo el territorio estadounidense. La oferta tiene sus bemoles.

Pero tal es la tendencia. Aglutinar a los mexicanos y centroamericanos en aldeas en las que no puedan “contaminar”, de acuerdo a los nuevos criterios fascistas en boga, a la sociedad norteamericana con tradiciones, costumbres y actitudes antagónicas. Exactamente el mismo criterio que fue una de las condiciones persecutorias de quienes formaron parte del fascismo y/o el nazismo durante la Segunda Guerra Mundial y que, supuestamente, fueron derrotados por los aliados que dijeron representan a la democracia universal como modelo de convivencia ideal. ¡Qué lejos estaban de pensar que un sujeto como Trump cambiaría las reglas del juego y se asumiera como satán de estas pequeñas comunidades en la mayor potencia de todos los tiempos!

De hecho, hay historias que estremecen al respecto planteando el peso del racismo y la xenofobia en la comunidad estadounidense que no americana. Una de ellas tiene que ver con el gran atleta de ébano, Jesse Owens