Eduardo Betancourt

elb@unam.mx

Hemos hecho y seguiremos haciendo la denuncia de las picardías incontrolables que realizan las líneas aéreas mexicanas.

Es evidente que gozan del respaldo y complicidad de autoridades, particularmente de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes. Esta dependencia está obligada a impedir la voracidad y las ilimitadas arbitrariedades, que en ciertos casos llegan al fraude.

En efecto, para que una empresa aérea pueda funcionar, requiere contar con la autorización del Estado. De este modo, debe tenerse la facultad de revocar esa concesión cuando se cometen injusticias al amparo de la misma. Sin embargo, nunca se hace nada, precisamente porque existen compromisos corruptos entre los propietarios de estas empresas aéreas y los gobernantes.

Es un hecho notorio que el Secretario de Comunicaciones y Transportes, se ha visto sistemáticamente en conflictos de honestidad. Lejos de sustituirlo, el Jefe del Ejecutivo persiste en mantener en ese cargo a quien evidentemente carece de calidad, y mantiene un desprestigio amplio. La realidad es que tanto las líneas aéreas pequeñas como las grandes, llevan a cabo un sinnúmero de atropellos, y se trata de conductas que en varios casos evidentemente caen dentro del ámbito penal. En especial, podemos mencionar el fraude y el engaño, para obtener beneficios de toda naturaleza.

Los ejemplos abundan: las aerolíneas pequeñas no cumplen con el horario, muy a menudo cancelan los vuelos, o con el pretexto de que son líneas baratas, venden hasta el aire que se respira en el avión. El abuso mayor es tener que pagar por el equipaje, porque incluso una maleta ya es motivo de un cobro.

Como estas aerolíneas pequeñas carecen de equipos suficientes, cancelan sin ninguna consideración vuelos, independientemente de que llegan tarde. Ya ni se diga la pésima atención que ofrecen empleados en tierra y las aeromozas.

Por lo que hace a las líneas aéreas grandes, requeriríamos de tiempo y espacio para señalar sus abusos. AEROMÉXICO e INTERJET se ponen a la cabeza en lo que se refiere a los abusos, ambas cobran para todo y por todo, en ocasiones cantidades injustificables. Por ejemplo, el cambio de un pasajero, una acción que no implica más que apretar un botón de la computadora. Por este hecho le hacen cargos hasta de cientos de dólares sin que haya una explicación razonable. En este mismo sentido, si se necesita cambiar de vuelo o de día, se debe estar expuesto casi a comprar un nuevo boleto, lo que sin duda, insistimos, tampoco es correcto. Es entendible que se pudiera hacer un cargo modesto cuando se tienen que hacer estos ajustes, pero nunca las cantidades abusivas que obligan al usuario que tiene necesidad de hacer cambios de fecha o de la hora su vuelo.