El árbol de la noche triste

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FOTO: MOISÉS PABLO /CUARTOSCURO.COM
Armando Ramirez

Teitter/ @uyuyuyy

El otro día anduve por Popotla, lugar de inventos como la dizque leyenda del mentado Cañitas que resultó una farsa, también estuve en la placita del “árbol de la noche triste”, el ahuehuete está más pachiche que cacahuate seco y muy solitario.

Ya saben, algún Delegado Político se creyó muy listo y quiso llamarlo “el árbol de la victoria”, hasta se pintó un mural sobre la batalla de esa noche lo llamaron La Noche de la victoria, puras machincuepas, especialistas como el arqueólogo Eduardo López Moctezuma, fue el primer coordinador del proyecto del Templo Mayor y de prestigio en todo el mundo, él escribe en un artículo, que el árbol en donde dicen lloró Cortés, no hay ninguna prueba de que existió, asegura el arqueólogo, y que las dos citas que dan información sobre la noche del 30 de junio de 1520, una es del propio Hernán Cortés, lo hizo en una de sus cartas de relación dirigidas al Rey de España, ahí, Hernán cuenta al Rey que “murieron 150 españoles, dos mil indígenas aliados y 45 yeguas y caballos…”

Claro, se puede pensar que siendo la española una cultura machista, de menso Hernán dice que lloró, se entiende, que lo haya ocultado, pero quien lo balconea es el Bernal Díaz del Castillo en su “Historia verdadera de la conquista de la Nueva España”, cuenta que esa noche después de la corretiza y abandonar los tesoros, llegan hasta por los rumbos de Tacuba, donde Cortés esperó a sus demás hombres, el último en llegar fue Pedro de Alvarado, todavía Cortés esperaba que llegara alguien, pero Alvarado le dice que los demás han muerto, y Bernal escribe cómo a Cortés se les escaparon unas lágrimas… Es lo que se sabe de un testigo presencial y en ninguna otra fuente se hace referencia a esta escena, mucho menos a un árbol.

La leyenda del árbol de la noche triste surgió en el imaginario de la gente y hasta ha habido sesudos especialistas que aseguran que el de Popotla no es el verdadero árbol sino otro que está cerca del Santuario de la virgen de los Remedios. Y hasta locos que lo han quemado. Ni modo, si ni los historiadores ni los locos han podido desaparecer al legendario árbol de la noche triste, el abandono y el olvido lo están logrando de a poquito, pero si importara ya muchos hubieran puesto el grito en el cielo… digo, qué tanto es tantito.