Se me atoró el Pan de muerto

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Daniel Bisogno

¡Así es, público querido, dador de amor y cariño a su vez! Fuimos invitados como padrinos de la placa de la obra Pan de muerto, así que la verdad es que yo no sabía ni con qué me iba a topar, y fue toda una experiencia. El teatro está en la colonia Narvarte, en la calle de Zempoala; por ahí llegué siguiendo el Waze, así que me estacioné como a dos cuadras del lugar, enfrente de una taquería. Por cierto, se me hicieron agua las papilas gustativas cuando me bajé, porque este su asqueroso amigo no había pasado a deglutir nada durante todo el día; pero ya no tenía tiempo de empujarme 3 de suadetro y 3 de buche, así que hice de tripas corazón y caminé hacia el teatro.

Desde media cuadra antes sonaba una música couplé increíble; llegando al lugar, en el pequeño lobby estaba una mujer cantando con músicos en vivo esta alegre música, con mucha gente afuera. Llegué y ya mis compañeros de Ventaneando estaban dentro del recinto; nos pasaron al teatro más pequeño, porque en el lugar hay dos foros, uno para más gente, que es donde se está presentando esta obra, y el otro más pequeño, un lugar increíble de verdad, con mucha onda. Estuvimos sentados en el teatrito; en lo que pasaban al público al grande, nos tenían sandwichitos y pan de muerto así que, la verdad, sí tuve que encajar diente, pues vino bien. Les digo, venía yo hambreado.

Afuera saludamos a don Pepe Alonso, padre de la protagonista de la obra, María Rebeca; un placer siempre saludar y platicar con este primer actor, que además es simpatiquísimo; poco después entramos al teatro ya a acomodarnos para disfrutar de la puesta en escena; la ambientación es simplemente fabulosa: una funeraria de muy baja ralea, dos mesas con ruedas con un cadáver tapado en cada una y una ofrenda de muertos de fondo, todo a media luz. El primero en aparecer fue Adrián Rubio, cuyo personaje es un maquillador y embalsamador de cadáveres. Hace referencia a que es Día de Muertos y que a él le hubiese gustado estar en Mixquic en ese momento, festejando, pero cayeron dos muertos en ese momento y se había tenido que quedar a trabajar.

Desde el primer momento empieza una mezcla de sentimientos para el espectador, pues a pesar de lo duro del tema y el terror que transmite al público, de inmediato se hace notar el implacable y cáustico humor negro de la obra; y como a este discípulo del Rey de las Tinieblas que les escribe le fascina esto, pues me acomodé en el asiento y me dije a mí mismo: “Esto me va a encantar, así que vénganos tu reino”, y créanme lo que les digo, ¡simplemente me fascinó! En cuanto comienza a trabajar Dimas, el personaje de Adrián Rubio, ve a uno de los dos cadáveres que tiene ahí y empieza a hablarle bonito, y en un momento empieza a besarlo y posteriormente ¡empieza a tener relaciones sexuales con el cadáver!

Así es la obra en su negrísimo humor. También toca el tema de la necrofilia, o sea, aquellas personas que gustan de coger con muertos, para que nos quede más claro a todos. Y justo cuando está a medio brinco (que la verdad tendrá su encanto, pues no hay quien te reclame: “¿Por qué tan poquito?”, ni “dime vaquero”, ni el tradicional “¿cómo me llamo?”) ¡pues que se le despierta la muerta! ¡Oséase María Rebeca! Ese es el punto de partida de la obra, que nos lleva por todos los géneros y todas las emociones, de verdad, principalmente por la risa, pues el negro humor con que está escrito cada uno de los diálogos es excelente.

La obra dura alrededor de una hora, tiempo más que suficiente para contarnos una historia excepcional y haciéndonos, a través de la risa y de la dureza del humor negro, pasar un rato simplemente glorioso. Además, como espectador se agradece profundamente el que una obra tenga esta maravillosa duración y no las obras que llegan a durar más de tres horas, cuando el público ya lo único que quiere es largarse; y uno avienta una nalga para un lado y luego para el otro. Aquí hasta la duración es exacta, la nalga como que sabe que el martirio no va a ser tanto y cuando llega el final, todavía está en forma.

Grata sorpresa nos llevamos con esta obra

Fue entonces cuando se nos llamó al escenario, cosa nada sencilla, pues estábamos en el piso de arriba, así que en lo que yo trasladaba mi humanidad desde ahí hasta el escenario, pues sí pasó a tardar un poco; pero al final lo logramos, felicitamos con toda sinceridad al equipo que hace posible esta puesta en escena y de verdad nos quedamos con amplias ganas de recomendarla. Una experiencia totalmente distinta, y si además le agregamos que mi María Rebeca se avienta un desnudo con el cuerpazo que tiene, pues la noche está completa. Moraleja: Así están las cosas, vaya a ver a María Rebeca con sus pezoncitos rosas. He dicho.