La Mocte es una delicia

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Estos chilangos que habitan lo que fue el ejido de Texcoco son los descendientes de los hijos del antepenúltimo Tlatoani azteca, el sibarita, Moctezuma Xocoyontzin, estos hombres de linaje construyeron sus casas sobre el oriente centro de la Ciudad.

Las colonias surgieron después de que a principios del siglo XX la fiebre por la aviación causaba entre los hijos de la familias ricas del país y le anidaba el síndrome del pajarito: Volar, volar…

Y lo hacían por los rumbos de los campos de Balbuena, como Alberto Braniff, su avioncito hecho de madera, aun cuando agarraban vuelo, se hacían como un papel al viento, fue el primero que voló un avión en la Ciudad de México, el 8 de enero de 1910. Además Braniff, de ser uno de los iniciadores de la aviación en México, fue dueño de los terrenos en donde volaba, a finales de los años 30s del siglo XX sus propiedades se fraccionaron para que surgiera la colonia Moctezuma.

Algunas calles tienen nombres como Iztaccíhuatl o de pilotos famosos como la Emilio Carranza. Era nieto del hermano de Venustiano Carranza y tan valiente como su tío abuelo, en el año de 1927 durante 11 horas voló sin escala, de la Ciudad de México a Ciudad Juárez.

En el año de 1928, por orden del gobierno hizo un vuelo sin escala de la Ciudad de México a Washington, ya que antes Charles Lindbergh había hecho lo mismo pero de Washington a México, la orden fue para agradecer el vuelo de Lindbergh al gobierno americano, allá el piloto mexicano fue recibido de pipa y guante. Pero Emilio nunca regresó a México, de regreso se estrelló con su avión en Nueva Jersey.

La Moctezuma tiene prosapia de barrio, son artistas como los que pinta la Capilla Sixtina de Miguel Ángel en la Iglesia del Perpetuo Socorro. Y otros son artistas de la barriga. En una esquina de Oriente 176 se arremolinan, bailan, la música sale de una bocina de pie, hay gente sentada en sillas de plástico, en la banqueta, el olor es exquisito, están comiendo tacos de carnitas estilo Michoacán, es como si se sintieran tlatoanis y hubieran volando en los llanos de Balbuena, “cinco mi maik”, mientras detienen sus platos con una mano, con la otros bañan sus tacos con salsa y los devoran de tal manera que se antoja, sabroso, y a ritmo de cumbia, total, qué tanto es tantito.