Poetas en camión

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Armando Ramirez

Twitter/ @uyuyuyy

Vamos a recordar a los “Delfines”, ¿se acuerdan de ese tipo de transporte público?

Muchos tendrán en su corazoncito su tipo de camión favorito, los “trompudos”, la neta, estaban gachos o “los chatos” la verdad tampoco estaban muy estéticos, eso sí, se distinguían por llevar su motor en la parte delantera, como los famosos “Juárez-Loreto”, hasta el poeta Efraín Huerta le cantó a los Juárez- Loreto y a la bella mujer que cuando se sentaba enseñaba sus hermosas rodillas, no lo digan, ahora está de moda acusar de acoso a la mujer, imagínense al poeta acusado de acoso por hacer poesía con las rodillas de una usuaria del Juárez-Loreto.

Los tiempos cambian, al poeta Ramón López Velarde, creador de la “Suave Patria” lo hubiera acusado de lo mismo, dicen que se estaba las horas en la antigua Plateros viendo cómo las señoritas bien bajaban de sus carruaje y él se sentía complacido al verles el huesito del tobillo.

Todo cambia, el transporte público, a excepción del Metrobús y del Metro, siempre han sido una calamidad, cuando fueron del pulpo camionero o cuando pertenecieron a la Ruta 100. Pero de todos los camiones los que tenían una belleza urbana que engalanaban la vieja San Juan de Letrán, eran los Delfines.

Pase por la iglesia de san Francisco frente a la Casa de los Azulejos, ahí encontrará un placa con el nombre de la persona que se le ocurrió por primera vez alquilar los carruajes, luego vinieron los trenes de mulitas, los taxis jalados por caballos.

En los años sesenta y setenta las autoridades compraron los Delfines, comenzaron costando 60 centavos el pasaje, lo subieron hasta un peso, pero eran amplios, grandes y trasladaban mucha gente, y parecían delfines.

Bueno hubo un tiempo que los autobuses gringos de la Greyhound, salían de Insurgentes e iba hasta Canadá, era cuando no todo mundo tenía billete para volar.

Ahora los reyes de las calles son los microbuses, parecen trocas que cargan guacales de la Central de Abasto, son influyentes, se detienen a la mitad de la calle para levantar a la gente, huelen a gas, y si no trae cambio le echan sus habladas y ya no diga la inseguridad, tanto de la delincuencia como la de quienes conducen los microbuses, qué hicimos los chilangos para tener micros, quiero unos delfines, digo, qué tanto es tantito.