Después de la tormenta

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Rodrigo Mojica

mojicarodrigo@hotmail.com

En las últimas semanas, después del fatídico sismo del 19 de septiembre, la cotidianidad azteca parece cobrar de nuevo vida.

Aunque los rastros de la tragedia aún provocan nudos en las gargantas a muchos, lo ciertos es que todos hemos entendido que debemos de retomar nuestro paso.

Y qué mejor manera de hacerlo, que a través del deporte, pues como nunca, los Clásicos secuestraron muchas miradas.

En la capital, tan vapuleada por aquellas estampas desoladoras, el América y Cruz Azul se enfrentaron en par de ocasiones, pero además las Águilas tuvieron que medirse a Chivas.

El resultado, más allá del deportivo, pues éste rubricó puras celebraciones cremas, trajo consigo escenarios pletóricos, luciendo sus mejores ropas, coloridos.

El Estadio Azteca y el Azul se llenaron cada que estos conjuntos tuvieron que toparse en el rectángulo verde.

Otra vez la CDMX estuvo a tope, la gente volvió a salir a las calles, los niños regresaron a las escuelas, se respiró esa locura tan característica de la capital del país.

Haciendo una analogía, seguramente a pocos les gustó la tranquilidad del mes patrio, porque ello tuvo que ver con tristezas, pérdidas, nostalgia, añoranza.

Y, como siempre, el futbol fue un buen pretexto, pero sobre todo un buen antídoto para entender que la vida sigue, por más cruento que esto se lea.

Hoy la Liga y Copa MX, con todas las complicaciones, por un calendario aplazado, entró a su recta más emocionante y los números indican que La Máquina está fuera, que los del Piojo Herrera cayeron de sopetón, y que tendrán que enfrentar de nuevo al Monterrey en las Semifinales coperas.

Celestes y amarillo, tan populares como odiados, no la pasan tan bien ahora mismo, de ahí que los memes han sido recurrentes y son otro síntoma de que todo regresa a la normalidad.

Pero además, en otro Clásico, el llamado de Otoño, todos los Dodgers del planeta desempolvaron sus franelas.

La novena angelina se reinventó y le hizo frente a los Astros en la Serie Mundial. Houston, que tuvo un año igual de duro que el mexicano, al menos pudo curar sus penas con el rey de los deportes. La escuadra sideral y Los Ángeles regalaron siete juegos de antología, de ensueño; incluso, a quienes ni siquiera les gusta el beisbol, gozaron de la magia de una disciplina que, algún día me dijo el maestro Alejandro León: “Es el deporte de las inteligencias”.

La disputa del título se fue hasta lo máximo, y el Dodger Stadium fue testigo del primer título de los Astros de Houston. El juego cinco seguramente quedará registrado como el más emocionante en los libros de la Major League Baseball (MLB).

Las últimas semanas no fueron las más halagüeñas, pero hoy los tiempos son mejores. Hay que seguir sonriendo.