Tradiciones y detalles que encantan

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Daniel Bisogno

Twitter/@DaniBisogno

Ya viene el Día de Muertos y, no sé a ustedes, pero a mí de chiquito me encantaban estas fechas: era lo máximo salir a pedir mi calaverita con mis amigos, y esas son nuestras tradiciones: la calaverita, el pan de muerto, la ofrenda. A mí me las enseñaron y es nuestra obligación transmitírselas a las nuevas generaciones, ¿a poco no nos divertíamos con todo esto? No se imaginan cuántas veces me tragué el pan de muerto que tenían en la ofrenda, ya con barniz y todo, me valía gorro, yo me lo empujaba. Nos disfrazábamos con lo que teníamos a la mano: una sábana con dos hoyos, una máscara mal hecha de calaca, o nos pintábamos ensangrentados con las pinturas de nuestra mamá, que siempre terminaba poniendo el grito en el cielo porque le habíamos echado a perder su labial. Antes podíamos salir a caminar por las calles para pedir nuestra calavera, y nos daban dulces, fruta y a veces ¡hasta dinero! Yo, como buen obeso, prefería los dulces directamente, porque la fruta terminaba hecha literalmente caca en nuestra calabaza de plástico y el dinero pues era para lo mismo, pero yo me quería evitar la fatiga de tener que ir a la tienda a comprarlos. La gente abría su casa de noche con toda confianza para darles su calaverita a los chamacos mugrosos, sin ningún miedo de que se les fueran a meter tres malvivientes con pistola a vaciarles su morada.

Los más pipirisnáis tenían su calabaza de plástico de ínfima categoría; otros, a una caja de zapatos parada le hacían ojos, nariz y boca de calabaza y adentro le ponían una vela prendida, y nos sentíamos soñados. Y por la calle se veían grupos de niños disfrazados con esas velas que alumbraban en la obscuridad y se veía increíble. Así fueron mis días de muertos en mi infancia, por eso quiero que ahora mi hija lo viva, solo que las cosas han cambiado en demasía, ahora esta fusión del mentado Halloween con nuestro Día de Muertos ha vuelto un tanto confusa la tradición, pero no importa, quiero que mi niña desde ahorita, a su año y medio de edad, viva y disfrute de esta magia. Así que nos fuimos a comprarle un disfraz.

Yo dije: ¿dónde? Pues en una de las tiendas de disfraces de mi Marianita Ochoa, querida amiga, exnovia e integrante de OV7. Llegamos a la sucursal más cercana de mi casa, que es la que está en una plaza casi enfrente de TV Azteca. Me llevé a mi mujer y a mi hija, llegamos y había bastante gente, pues no es por nada pero los disfraces están increíbles; ahí andábamos, ya le había escogido un disfraz de Supergirl y a mi vieja uno igual y otro de Minnie Mouse para mi Michaela, para que tuviese sus dos primeros disfraces de su vida, y justo cuando estaba pagando que veo que hay una cámara de TV Azteca en la tienda. Los saludo y les pregunto que qué estaban haciendo ahí. El reportero entonces me contesta: “Es que le vamos a hacer una entrevista a… ¡ah, pues mira, ya llegó!” y en ese momento que aparece ¡Mariana Ochoa! Si nos hubiésemos puesto de acuerdo, ¡jamás habríamos coincidido de esta manera! Imaginen ustedes, tiene ya 14 tiendas por todo el país, anda de gira con el 90’s Pop Tour por todas partes y aquí su asqueroso servidor pues siempre anda en chinga también, así que la probabilidad de que nos encontrásemos era prácticamente nula; pero el destino es muy canijo y nos juntó. Nos abrazamos con todo el cariño que nos tenemos después de 25 años de amistad y haber sido novios un rato. La Ochoa es una gran persona, como amiga, como pareja siempre ha sido y será ¡lo máximo! Se portó como una verdadera reina, cargó a mi hija sin parar, saludó a mi mujer como siempre es, linda, tierna, educada y muy simpática y agradable; estuvimos platicando un largo rato sobre sus hijos también, que por cierto ya tiene dos, una niña y un niño. Me estuvo contando de cómo andan en friega pero con todo el éxito del mundo en la gira de los 90’s Pop Tour, que ha sido sin duda el espectáculo más esperado y triunfador del año; han llenado donde se han presentado, y cómo no, si están OV7, Jeans, Litzy, Erik Rubín, Pablito Ruiz, Caló, Fey y ahora hasta mi Paulina Rubio anda por ahí.

Platicamos durante un rato largo en lo que me platicaba cargaba a La Michaela y le hacía todas las fiestas del mundo; dijo que qué bonita estaba mi niña y luego, para rematar, que se avienta el detallazo de todavía ¡regalarle dos disfraces a mi hija! Yo muy apenado le insistí en que no, pero fue inútil, ya se había aventado el detallazo de regalarle un disfraz de brujita y otro de princesa, Mi niña salió fascinada de la tienda, no lo podía creer, con sus disfraces de película. Ahora el verdadero pedo está resultando en tratar de quitarle los disfraces, pues simplemente no quiere quitarse el de princesa, aunque ya en serio, la que debería traer ese disfraz siempre es mi Marianita Ochoa, pues se porta siempre como una princesa. He dicho.