¡Qué aburrido!

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Rafael Loret de MOLA

Pocas veces, por no decir ninguna, en mi ya larga carrera como periodista –no sé si soy el patriarca pero, en todo caso, estoy muy cerca aunque no me siento viejo a mis 65 años–, había observado, alrededor del juego sucesorio, tanta frialdad y tanto desinterés. Hasta hace muy poco, incluso seis años atrás, los momios y las apuestas corrían como si se tratara de galgos en pos de la liebre con la intención, la de muchos burócratas con ganas de ascender o de otros con pretensiones de hacer carrera política, de colocarse en el equipo del favorecido “destapado”.

Ahora todo parece muy distante y además, en cuanto a la candidatura priísta a la Presidencia, el actual mandatario federal difundió que en su partido debía seguir el viejo ritual político, esto es, la designación por “dedazo”; fue tal el alboroto desatado por este señalamiento que dio lugar a dos reacciones inmediatas:

1.- El acomodaticio Emilio Gamboa, señaló que el señor peña nieto también viaja en helicópteros para cubrir compromisos personales de tal trascendencia como jugar al golf en compañía de empresarios- cómplices. Lo mismo hace el tal Gamboa, pero decidió contratacar para cubrirse.

2.- El pobre “iraquí”, Enrique Ochoa Reza, dirigente nacional del PRI gracias a la chistera presidencial, aseguró que la nominación se daría por el voto de los convencionistas, todos ellos militantes y no simpatizantes y dejó hablar a César Camacho, para asegurar que el “dedazo” pertenecía a la prehistoria política a la que el mismo interlocutor, Gamboa y Manlio Fabio Beltrones, entre otros, pertenece en grado de velociraptor.

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