Bohemios de afición

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Daniel Bisogno

@DaniBisogno

Laura Zapata se lució cantando en la casa de mi comadre

Público querido, prácticamente desde que tengo uso de razón me ha tocado convivir con famosos y con los hijos de los famosos. Acá entre nos, son una especie aparte, pero maravillosa y fantástica. Desde que era un niño recuerdo fiestas en casa de las angélicas, Ortiz, María y Vale; y la verdad es que se ponían rebuenas, lo mismo podía estar José José cantando con Angélica María y Raúl Vale; alguna vez llegó Enrique Guzmán también, y en la parte de hasta arriba de la casotota de las Lomas tenían un salón de fiestas maravilloso, donde unos sacaban la guitarra, otros los tambores y se armaba fantástica la bohemia; ya un poco más grandes, La Vale era la que las organizaba y se ponían gloriosas. Ahí me tocó muchas veces escuchar a Ricardo Arjona cuando recién llegó a México con su Animal nocturno recién compuesto y su Señora de las cuatro décadas; también me tocó convivir ahí con los amigos hijos de los famosos: Chantal Andere, Alejandro y Benny Ibarra, Karina Velasco, hija de Raúl, con el hijo de Plácido Domingo; por supuesto con los de José José, que eran mis brothers y se armaban las fiestas como Dios mandaba. Hasta Ana Gabriel llegó a ir y a cantar hasta las seis de la mañana, bien pedotes todos. Ahí también por primera vez escuché a Fato cantar sus primeras composiciones y recuerdo que varias veces nos hizo llorar con sus canciones, El monstruo, Abrázame padre, de hecho ahí escuché por primera vez, antes que el público, Mi credo, que después hiciera muy famosa Pepe Aguilar y posteriormente K-Paz de la Sierra. Ya luego le compuso a Pepe Por mujeres como tú, Miedo, Autobús y tantos y tantos éxitos que algunos surgieron de estas bohemias.

Mis candidatos para amenizar la próxima reunión son Ángela y Leonardo Aguilar, excelentes

Luego la vida me tropezó con mi comadre Raquel Bigorra y las bohemias volvieron a mi vida; cada fiesta en casa de mi comadre es una bohemia más; han cantado en su casa El Coque Muñiz, Jas Devael, Laura Zapata, Fey, Rebecca Jones, hasta don Xavier López Chabelo se ha aventado sus canciones y con su voz normal, no de niño; Maribel Guardia, Juliancito Figueroa, Luz Elena González, por supuesto mi comadre La Bigorra, que canta retebonito; bueno, hasta su seguro servidor ha echado infinidad de veces el gorgorito en la casa de mi comadre. Somos, como diría don Martín Urieta, con quien también me ha tocado estar en fiestas, Bohemios de afición.

Jas Davael y Chabelo, en una bohemia

Siempre los reventones, como se los he contado muchas veces aquí, terminan después de las 5 de la mañana; los últimos en irse somos siempre Los Mascabrothers, Julio Alegría y su seguro servidor, con todo y vieja, niña y nana; pero como vivimos en la misma calle, pues nos vamos a pie, pues para mi suerte, me ponen el alcoholímetro entre mi casa y la de La Bigorra. De hecho, nos gusta tanto la bohemia que hoy nos vamos a ir a cenar con mi Adalito Ramones y Karlita, su esposa, para que nos cuenten de su luna de miel, con mis compadres Gavira Bigorra, con Julio Alegría y su mujer y con mi mascabrother Germán Ortega, Angélica su mujer y su asqueroso y seguro servidor con mi vieja también. Así que ya les contaré en la próxima entrega de Desde el averno el resultado de esta cena que seguro acabará en bohemia también. Y con el tema de los hijos de los famosos, les platico a ustedes que ya tengo a los próximos candidatos para ir a cantar a nuestras bohemias, y se trata nada menos ni nada más que de Leonardo y Ángela Aguilar, los hijos de Pepe Aguilar, quienes se echaron un palomazo acústico en Ventaneando y es increíble el talento que tienen, además de la simpatía. El Leonardo toca la guitarra maravillosamente y canta muy parecido a Pepe; y Ángela hace honor a su nombre, pues canta como los mismísimos, así que ya tenemos candidatos para invitarlos a las próximas fiestas que se organicen; y si por ahí se cuela su sacrosanto padre, ¡pues qué mejor! Imaginen el honor que sería tener a Pepe Aguilar en dichas reuniones. Yo por lo pronto, después de la humillación que es que mi comadre tenga un piano de cola precioso a media sala para las fiestas, ya estoy ahorrando para comprarme una marimba para ponerla en mi casa ¡y tocarla a cuatro manos para la próxima fiesta! A mí nadie me humilla. He dicho.