Libertad de prensa (Parte 3)

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Así, el redactor se con­virtió en productor de mercancías, las cuales podían ayudar a vender otras mercancías influyendo en el pensamiento de las personas. Un fantasma en los escombros Como muestra está el caso de la niña Frida Sofía que nunca sa­lió de los escombros de la es­cuela Enrique Rébsamen ubica­da al sur de la ciudad de Méxi­co, en la calle Rancho Tamboreo y Calzada de Las Brujas, colo­nia Nueva Oriental Coapa, de­legación Tlalpan, uno de los 44 edificios colapsados por el sis­mo de 7.1 en la escala Richter del pasado 19 de septiembre.

Curiosamente, justo cuan­do en las redes sociales arrecia­ban las críticas en contra de to­da la clase política y la adminis­tración encabezada por Enrique Peña Nieto se anunció el resca­te de la niña de 12 años, aun­que después de 24 horas, cuan­do el guion era ya insostenible igual que la manipulación, se acabó el teatro y se dio a cono­cer que la infante ¡nunca exis­tió! Que todo se trató de un montaje de la Armada de Méxi­co y Televisa, la empresa espe­cializada en hacer telenovelas.

Cuando acabó esta farsa la indignación en las redes socia­les fue mayúscula. Una anciana replicó la condena popular al su­plicar a los medios de comunica­ción no andar haciendo este tipo de burlas. “A una vieja como yo la tuvieron sentada todo el día, no­más llorando y ahora salen que es falso. Esas son chingaderas. ¡Qué poca Madre tienen!”, expresó.

La libertad del periodista es proporcional a la libertad de los demás ciudadanos, decía Ji­ri Kubka. Lo malo es que este es­cenario se repite por diferentes medios con la finalidad de tapar un comportamiento que nubla la libertad de conocer la verdad. Pa­ra el caso se recuerda que en no­viembre de 2014 el noticiario MVS-Radio, con Carmen Ariste­gui al frente denunció en inves­tigación de varios meses reali­zada por su equipo de periodis­tas, y con apoyo de la plataforma de periodismo latinoamericano Connectas y el International Cen­ter For Journalists, pudo confir­mar que una residencia ubica­da en Sierra Gorda número 150, en una de las colonias más lujo­sas de la capital del país –con un valor aproximado de 86 millones de pesos, alrededor de 7 millones de dólares– era propiedad de In­geniería Inmobiliaria del Centro, empresa que pertenece al Gru­po Higa. Lo cierto es que resul­tó ser de Angélica Rivera -espo­sa del presidente de la Repúbli­ca- quien más tarde, presionada por la opinión pública, a través de un video que difundieron las principales televisoras y medios de comunicación, trató infruc­tuosamente de justificar su po­sesión al decir que la había ad­quirido con dinero ganado a lo largo de su vida como actriz. In­terminable lista de corruptelas e impunidad La lista de casos co­mo el anterior parece intermi­nable. Pero son tantos que, co­mo sucede con el asesinato des­crito al inicio, no pasa nada.