El recuento de los daños de los famosos

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Daniel Bisogno

Ya pasado lo más amar­go del trago que fue es­te terremoto, público querido, siempre es bueno, pa­ra empezar a levantarse, co­menzar el recuento de los da­ños y empezar a darle para sa­lir adelante, pues así le hemos empezado a hacer todos. Y en­tre los famosos, que son los que a este oscuro asqueroso servi­dor le tocan, pues hubo sus li­geros y no tantos daños que la­mentar. Por ejemplo, mi queri­do Pedrito Sola, que durante el temblor se encontraba remo­jando las carnes en el Mar Me­diterráneo a bordo de un lujoso crucero, a través de un Whats­sap que puso Atala Sarmien­to de cómo se había sentido es­te movimiento telúrico, fue que don Pedrito se enteró de la tragedia. Pero no fue hasta que llegó a México, casi dos se­manas después, que pudo ver qué le había pasado a su depar­tamento de la colonia Polan­co, donde vive desde que tiene uso de razón. Al llegar se per­cató de que dos de sus pare­des tenían cuarteaduras bas­tante pronunciadas, y luego encontró varias de sus figuri­tas de Lladró, heredadas por su sacrosanta madre y que Dios quiera que siga allí, ardiendo en los infiernos, a la izquier­da del Rey de las Tinieblas, do­ña Eva, que por cierto cuan­do murió la señora, los dos, ella y Pedrito, pasaron a mejor vi­da, pues Peter por fin le pudo dar rienda suelta a sus más ba­jos y demoníacos instintos….

Pero regresando a las figu­ritas de Lladró, varias se ca­yeron al piso, haciéndose añi­cos; luego un payasito de pa­pel maché que estaba sobre la televisión de bulbos, sí, de esas de las grandes que toda­vía tenían cinemascope, tam­bién cayó al piso, dañándo­se irremediablemente. Es de­cir que todos los adornos que Pedrito tenía en su casa se hi­cieron pomada y solo queda­ron vivas las carpetitas teji­das a mano por doña Eva, que estaban bajo los mismos, los que quedaron vivos. ¿No se­rá un aviso divino del mismísi­mo Omnipotente para que Pe­drito al fin remodele su casa?

Hablábamos de Atala, pues déjenme les platico que mi Atalita también resintió este movimiento telúrico, al grado de que en su casa que está por arribita, en la delegación Mag­dalena Contreras, perdió lite­ralmente un trozo de techo; el cristal de su terraza se hizo añicos, muchas de sus escultu­ras futuristas que tenía en su casa también se cayeron (algu­nas bendito sea Dios, porque estaban muy galácticas) pero a mi Atala también se le hizo pomada toda su vajilla. La bue­na, que le quedaba de hace tres matrimonios, y era de lo po­co que había logrado rescatar. Pues toda se le cayó de la ala­cena, así como sus copas globo, las de vino y los flautines para el champagne se hicieron añi­cos. Vieran cómo hoy David, su joven marido, tiene que to­mar su vino tinto en unos va­sitos de plástico de Peppa Pig que Atala le tenía guardados a sus sobrinos, los hijos de su hermano y de La Choco, que por obvias razones viene sien­do su cuñada, para cuando se los presta­ran algún fin de sema­na. Los niños tienen 26 y 24 años respecti­vamente y hasta el día de hoy no ha sucedi­do. Los niños creo que ni conocen a su tía Ata.

Y ya que hablamos de La Choco, les cuento que viven todos en la misma colonia, en fa­milia, Atala y su mari­do, Choco con su marido y sus hijos, la mamá de Atala con su marido y la mamá de La Cho­co con la abuelita, todos a unos metros de distancia entre sí, ¡figúrense ustedes qué belleza! ¡Qué bendición! Bueno, pues a La Choco no le pasaron da­ños mayores: se cayó mucha de su ropa del vestidor; no entien­do cómo no cayó en el bote de la basura, por el bien de los te­levidentes, pero de ahí no pa­só. Su mamá fue la que sí tuvo duras pérdidas: se le cuartea­ron fuertemente las paredes, se le dañó un techo también, pero la pérdida más grande fue que no le dejaron el freno puesto a la silla de ruedas de la abuelita, por lo que con el mo­vimiento la encontraron con el señor de un negocio que es­tá a seis cuadras de su casa.

Pero de los famosos que co­nozco, al que peor le fue es a mi querido Juan Barragán, conductor de Al extremo, pues resulta que se compró un de­partamento muy pipirisnais, nuevecito el edificio, quesque muy bien construido, y sí, es­tructuralmente a toda madre, no se cayó nada por fuera, pe­ro todo lo interior está hecho con los más baratos y corrien­tes materiales, así que no van a creer lo que les voy a contar: se le cayeron TODAS las pa­redes de su departamento por dentro, digamos que quedó to­do como un gran loft, la pared de la cocina, la de los cuartos, todas las pare­des abajo. Imaginen la desgracia, con sus pan­tallas que había adqui­rido en Elektra a 24 meses sin intereses, to­das bajo los escombros; lo peor es que eso no lo consideran como dam­nificado, así que no sa­be si ahora tiene en lu­gar de casa una salo­ta, o un bañote o una recamarota, así le quedó la co­sa para que se acostumbre y si­ga viviendo Al extremo. Yo, con la noticia de que a la casa de mi suegra no le pasó nada, no sé cuándo tendré una opor­tunidad tan grande de ya ha­berla tenido en cuatro paredes en un piso 27, pero a la gente buena no siempre se nos cum­plen los deseos. He dicho.