Libertad de prensa (Parte 2)

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FOTO: MARCELO PALACIOS /CUARTOASCURO.COM

 

Pero uno de esos efectos nocivos, que vale la pena destacar, es que estimula el miedo y la autocensura de los informadores, como el único medio al alcance para protegerse. En consecuencia, el silencio impuesto en amplias zonas del país afecta a la población en su conjunto y es un atentado al derecho a la información y a la convivencia democrática.

Así es como en las últimas cinco décadas la clase política hundió al Estado Mexicano en las profundas aguas fangosas de la corrupción e impunidad que en contubernio con el crimen organizado mantiene sometida y aterrorizada a su población; de la misma manera que, a través de la publicidad, controla a la mayoría de los medios de comunicación y a sus periodistas, la delincuencia hace lo propio con los comunicadores, a los que amenaza para que cubran y publiquen sus actividades delictivas o de no hacerlo, los “levantan”, torturan, asesinan o lo desaparecen.

De esa manera, gobernantes y clase política en general actúan con total cinismo e impunidad a sabiendas del control discrecional de la información que mantienen con los organismos oficiales como el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y

Protección de Datos Personales (Inai) y de las empresas editoriales quienes a su vez tienen bajo control a sus reporteros y solamente uno que otro se lanza a la aventura de investigar. Las empresas de comunicación se justifican al señalar a los reporteros como faltos de iniciativa, poco profesionales, con deficiente preparación. Pero no los actualizan y sobre todo les niegan tiempo para investigar, además de que la mayoría sobrevive con el salario mínimo profesional que es de 4,546 pesos mensuales, sin prestaciones y solamente dos o tres medios ofrecen una remuneración suficiente a sus reporteros.

Cabe recordar que el entonces secretario General de la Organización Internacional de Periodistas (OIP), Jiri Kubka, en un artículo titulado ¿Profesión o misión? Publicado en El Periodista Demócrata, órgano oficial de la OIP del 9 de septiembre de 1986 dijo que “…el periodismo no solamente es una profesión que defiende sus propios intereses, sino que es una  noble y responsable misión, cuyo incumplimiento arrastra a los pueblos a la perdición y con ellos se lleva a los periodistas”.

En un vuelco direccional de los medios que hoy día padecemos, asumió que durante los tiempos de la revolución burguesa los editores no buscaban tanto el beneficio como la posibilidad de influir en los pensamientos humanos. Sin embargo, la permanente divulgación de la palabra impresa empezó a ofrecer la posibilidad de sacar beneficio, sobre todo al convertirse en un poderoso medio para dar publicidad a todo tipo de mercancías.