Gigantes de México, una serie muy romántica

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Lupita Reyes

Pues nada, que he visto la serie Gigantes de México. Los ejecutivos del canal ya habían advertido que la serie solo tocaría el aspecto profesional de los cuatro personajes que cambiaron la historia de México: Carlos Slim, Lorenzo Zambrano, Emilio Azcárraga y Lorenzo Servitje. También, prometieron presentar una “investigación muy profunda en la historia de los líderes de las industrias y sus protagonistas”.

Pues bien, la primera par­te la han cumplido. Gigantes de México es de esos programas hechos a modo. Realizados pa­ra alabar y conseguir patroci­nadores fácilmente. Respec­to a la segunda promesa, de “una investigación muy pro­funda”, solo se cuentan ver­dades a medias. Como públi­co, esperaba que un canal co­mo History nos entregara un trabajo de investigación pro­funda, en donde se trabaje pa­ra llegar a la verdad. En Gigan­tes de México faltó el dato du­ro, el rigor periodístico y quedó en telenovela corta de supera­ción personal en cuatro pasos.

Pero vayamos capítulo por capítulo. El de Carlos Slim fue el de menor investigación periodística. La mayor parte del episodio se basó en una entre­vista al periodista Carlos Ma­rín, quien dijo lo poco que ya se sabe. Según el relato de His­tory, Slim se empeñó en mon­tar su imperio en México, un país en el que nadie creía. Y lo logró aun sabiendo que había comprado Telmex, una empresa que según History era un problema mayor. Vaya, por poco y me convencen de com­padecer al ingeniero, en lugar de felicitarlo. Ahora, si Slim tenía  el talento y dinero (por­que se asoció con franceses a los que les tuvo que rogar que invirtieran en México), ¿por qué no fundó su empresa en el primer mundo? ¿Por qué batallar con una empresa con tantos problemas en un país tan corrupto? Tratando de ha­cer más interesante el capítu­lo, se hace referencia de la fe­roz competencia a la que Slim se tuvo que enfrentar cuan­do ya era dueño de Telmex. ¿Usted sabe quién era su feroz competencia? Ni yo, y eso que vi el capítulo. Eso pasa cuan­do no inviertes en buenos in­vestigadores. O cuando no es tu objetivo llegar a la verdad.

El episodio de Emilio Azcá­rraga Milmo estuvo un poco mejor. En primer lugar porque colaboró el historiador Enri­que Krauze, quien con su so­la voz y bagaje cultural levan­tan cualquier historia; además, que del Tigre se ha escrito más. Acompañando a Krauze, estuvieron contando anécdotas, Lolita Ayala, Francisco Ibarra y José Carreño. Gente que conoció a don Emilio y estuvo presente en el lugar de los hechos  y puede dar fe que las his­torias que ahí se contaron son fidedignas. Como por ejem­plo, la que contó don Francisco Ibarra, al narrar cómo Az­cárraga defendió su empresa (y las de todos los que ahí es­taban presentes) ante Gustavo Díaz Ordaz. También se ratifi­có que recibía buenos consejos de su padre, Emilio Azcárraga Vidaurreta y que tuvo competencia con nombres, apellidos y fechas. Vimos cómo fue que ordenó la construcción del es­tadio Azteca y cómo llegó a ver el futuro en español de la tele­visión en Estados Unidos. Fi­nalmente, lo dejaron como lo que fue: un visionario en la in­dustria del entretenimiento.

La historia de los dos Loren­zos, Zambrano y Servitje, es si­milar. Dos hombres que nacieron en una familia con un padre emprendedor, con un negocio que ellos con su visión a futuro lograron engran­decer. Ambos con competen­cias agresivas, que de la nada desaparecen y terminan ab­sorbiéndolas. La única diferen­cia que vemos en cada uno de los capítulos es que Servitje es un hombre religioso y el úni­co de los cuatro empresarios que pidió un préstamo al banco para invertir en maquina­ria que elevaría su fortuna. A Zambrano lo presentaron con sus conocidas alergias y dedi­cado en cuerpo y alma al negocio del cemento (es bien sa­bido que jamás tuvo novia y nunca contrajo matrimonio).

Así pues, terminan esos cua­tro capítulos narrados en tono misericordioso, con actuaciones, vestuario y escenografía que dejan mucho qué desear. Eso sí, en Gigantes de México, en ningún capítulo vemos que es­tos empresarios hayan recibi­do apoyo del gobierno, o con acceso a información privile­giada; todo fue gracias a su es­fuerzo y visión propia. Si us­ted ignora la vida de estos per­sonajes, échele un ojo a la serie y después infórmese al res­pecto, que libros para cono­cer más sobre ellos, los hay.