Los Dreamers, bien

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Eduardo Betancourt

Todos aplaudimos el incondicional apoyo que en todos los ámbitos se les ha proporcionado a los llamados dreamers. Se trata de este grupo de niños y jóvenes nacionales que en un momento optaron por el “sueño americano”. Los dreamers se han integrado a aquella nación. No dudamos que puedan tener un afecto hacia México, pero al final, su aspiración es ser residentes y ciudadanos del vecino país. Su temor, esto hay que dejarlo muy claro, es que se les expulse, y por tanto, que se vean forzados a ser reintegrados a México o a otros países latinoamericanos. Para evitar ese “castigo” se han agrupado, han recibido apoyos tanto de organizaciones norteamericanas, como de políticos y grupos nacionales. Trump es un sujeto que odia a México y, por tanto, a los mexicanos. En ese delirio, quiere expulsar a los dreamers. A estos, para nada les agrada la idea, pues para quienes han puesto su objetivo de desarrollo en EUA, es clarísimo que vivir en México resultaría un castigo. Esto es lo que deben entender nuestros políticos mexicanos: ellos no quieren volver al país, porque aquí nos enfrentamos a una situación siniestra, abatidos por la violencia y la corrupción. Reitero mi posición; está muy bien que se apoyen a los dreamers. Sin embargo, hay prioridades, y nuestros políticos de todos los partidos, así como los Rectores, Secretarios de Gobierno y líderes de toda índole, deberían pensar en los jóvenes mexicanos de la misma edad y condiciones de los dreamers que tanto reclaman apoyo. La realidad es amarga. En nuestro país, la juventud carece de oportunidades, no cuentan con beneficios ni con los medios adecuados para estudiar y capacitarse adecuadamente. Es bien conocida la insuficiencia de espacios en las Universidades Públicas. Quienes no logran entrar a estas instituciones tienen que acudir a las escuelas “patito”, que proliferan, privilegiando el lucro al adecuado nivel académico. La educación está en un evidente abandono, así como los dreamers, aquí tenemos a nuestros jóvenes “rechazados”, que se organizan para reclamar derecho a la educación en las instituciones públicas, y a ellos nadie les hace caso. En México, se reclaman políticas que promuevan la educación pública de manera seria y adecuada. Lamentablemente, quien dirige la educación en México es un personaje incapaz, un “politiquillo” sin dimensiones, carente completamente de experiencia, y aún peor, ignorante del renglón educativo. En este sexenio se pregonó una supuesta “Reforma Educativa”, que a la fecha nadie conoce a ciencia cierta en qué consiste, más allá del ataque contra el sindicato, y de la pretensión de acabar con el normalismo.