Cómo enfrentar un duelo

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Cuando supe que Hi­romi había muerto en el parto de su an­helada hija Julieta, me que­dé muda. Recién la había vis­to en el escenario de Mentiras, porque trabajó hasta casi el término de su embarazo. Me pareció la muerte más injus­ta del mundo. Una chava ta­lentosa, sana, joven, enamo­rada, a punto de hacer realidad su más grande sueño, el de convertirse en madre.

Hoy, en este Manual de la buena esposa quie­ro hablarles del duelo.

Ya sea después de un pro­ceso largo de enfermedad o una muerte repentina, las despedidas hay que saber­las manejar, porque podemos hundirnos en una profunda tristeza y no saber cómo seguir adelante con nuestras vidas. En una pareja hay pla­nes a futuro, una complicidad tan especial, que tener que renunciar al amor por la par­tida de alguno de los cónyu­ges, es aterrador. Dios quiera que jamás tengamos que pa­sar por el dolor que vive hoy Fernando Santana, el espo­so de la bellísima Hiromi y papi de su princesa Julieta. Pero hoy es una realidad que quedó viudo y perdió a sus dos gran­des amores. Hoy le toca acep­tar esta durísima realidad y no dejarse vencer por el dolor.

Hay herramientas que de­bemos conocer para dejar fluir el dolor que en estos momen­tos es necesario. Hay perso­nas que entran en la negación o se dicen a sí mismas que es una pesadilla, pero no acep­tan la realidad. Otros tratan de minimizar el dolor diciéndo­se que no perdieron tanto. Hay mil formas de evadir y alejar­se del shock, pero lo más sano es aceptar y dejar que los mie­dos, la frustración, la ira, im­potencia y el coraje salgan.

Después, acercarse a la fa­milia y los amigos. Es allí don­de vamos a encontrar el amor verdadero. El abrazo, las pa­labras de aliento, encontrar quien nos escuche una y otra vez dividiendo las mismas pa­labras y discursos. Eso está bien, el dolor hay que sacarlo.

Cuánto más pronto logre­mos reincorporarnos a nues­tras actividades cotidianas co­mo el trabajo y el gimnasio, me­jor. El ejercicio es sanador. Ya sabemos que la actividad físi­ca produce endorfinas que nos hacen sentir bien. Y en el tra­bajo nos sentiremos útiles.

Falta de apetito, insomnio, pocas ganas de vivir, son al­gunos de los síntomas con los que tendremos que lidiar des­pués de una pérdida tan gran­de. El sentimiento de culpa. Ese que nos mata por dentro cuando nos preguntamos por qué tuvo que partir la perso­na amada y no mejor nosotros.

Hay parejas que en me­dio de una discusión, con te­mas pendientes y sin resolver, parten. La otra parte se que­da con una gran culpa y con un sin fin de cosas por decir y ha­cer. Es bueno utilizar papel y lá­piz. No importa que no lo ten­gamos físicamente para hacer este tipo de despedidas o ejer­cicio emocional. Siempre ayu­da escribirlo, le hace bien al al­ma. Pensar que nuestros se­res amados están en un mejor lugar, también aliviana.

Estuve leyendo la carta que Fernando le escribió a su ama­da Hiromi y su hijita Julie­ta y no pude evitar echarme a llorar. Son palabras que es­tán escritas con el corazón y conmueven a cualquiera.

Bien por él, que aunque está lidiando con un dolor inexplica­ble por la pérdida de sus amores, está aprendiendo a enfrentar el duelo. Siento muchísimo por lo que está pasando y aunque no lo conozco, le deseo toda la fortale­za para poder seguir en pie, por él y por tanta gente como la fa­milia y amigos que lo quieren.

Como esposa, esposo, en al­gún momento de nuestras vi­das nos tocará vivir el dolor de la partida. Quizás sea yo la que llore a Alejandro o quizás sea él a quien le toque cerrar­me los ojos. Es ley de vida. Uno de los dos partirá primero. Si bien nunca estaremos prepara­dos para enfrentar un duelo de esta envergadura, aquí les com­parto algunas de las herramien­tas de las que debemos echar mano para poder seguir en pie.

Por último, les menciono la posibilidad de pedir y bus­car ayuda. Acudir con un es­pecialista. Un psicólogo, un psicoanalista o un tanatólo­go nos ayudará muchísimo a encontrar ese nuevo cami­no que debemos emprender.

No tomar decisiones a la li­gera ni hacer cambios bruscos en nuestra vida, también se re­comienda. ¿Estamos listos pa­ra enfrentar un duelo? Nunca. Por eso hay que vivir el aquí y el ahora, como siempre les escribo; valoremos y procuremos a nues­tra pareja como el primer día, como si fuera el último. Y vivie­ron felices para siempre, gracias a El manual de la buena esposa.

Aquí les comparto un frag­mento de la bellísima car­ta de despedida de Fernando Santana a Hiromi y Julieta.

“Hoy te dejo partir, mi vi­da hermosa, las dejo para que puedan ir en paz. Cui­da a nuestra hija, mi amor, se quedan aquí en mi corazón por siempre”: Fer­nando Santana.