Periodismo: escenario rojo (parte 2)

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Acusa también a cualquiera que se encuentre bajo el escrutinio de los medios de comunicación, incluso de parte de quienes deben salvaguardar el derecho de la libertad de expresión. Sostiene que las agresiones son legión: Homicidios y secuestros de periodistas, ataques armados contra instalaciones de medios, golpizas a reporteros que cubren manifestaciones callejeras, robo o destrucción del equipo que usan para consignar lo que sucede en las calles, amenazas para dejar de publicar información incómoda, intervenciones cibernéticas para acceder a datos privados de periodistas o lanzar campañas de desprestigio, acoso legal mediante detenciones arbitrarias, citatorios judiciales o demandas.

Sus investigaciones revelan que en 15 estados del sur del país, el mayor riesgo son policías locales o grupos sociales; mientras que en el norte el crimen organizado es el principal agresor de periodistas, para evitar que los hechos violentos que desatan en la pugna por territorios lleguen a los diarios, los noticieros o las redes sociales. Pero hay algunas entidades que registran una variedad de agresiones, como si fueran microcosmos de la nación entera.

En Veracruz, por ejemplo, se han registrado homicidios, secuestros, golpizas, amenazas, robo de equipo, hackeo de páginas de internet, detenciones arbitrarias y otras formas mientras que Tamaulipas, Chihuahua y el Estado de México viven una diversidad similar. La mayoría de las agresiones proviene de las fuerzas de seguridad pública, las policías municipales y estatales, así como la Policía Federal.

Los actores políticos también figuran como agentes hostiles, lo que comprende a alcaldes, funcionarios de gobierno y legisladores. En ocasiones, estos servidores públicos se valen de algún cuerpo policiaco para agredir a un periodista; en tanto grupos del crimen organizado son con frecuencia los responsables de los ataques más violentos al secuestrar o asesinar a los profesionales así como ataques armados contra instalaciones de medios.

Pero de manera creciente otros grupos se han convertido en agresores de periodistas, particularmente activistas sociales que atacan a reporteros durante coberturas, así como empresarios o guardias de seguridad privados que buscan impedir que los ojos de la prensa se asomen a sus actividades. Javier Garza Ramos concluye que la diversidad de agentes hostiles a los medios sólo se explica a partir de la impunidad.

Esta es la visión de quienes han estudiado la situación de los trabajadores de medios de comunicación en México, un país en el que 9 de cada 10 ataques contra periodistas quedan sin castigo y con frecuencia sin ni siquiera una investigación, debido a esto resulta sencillo para cualquier persona agredir a un periodista o a un medio y salirse con la suya.