Fiesta de malcriadas

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Daniel Bisogno

 

¿Ya repuestitos del pin­che susto? ¡Ah, qué mes este que acaba de pa­sar!, ¿a poco no, público que­rido? Pero ya poco a poco em­pezamos a volver a la normali­dad, que sin duda alguna es lo que tenemos que hacer por el bien de todos. Empezar a re­activarse y así empezar a reac­tivar la economía de este país; regresar a los teatros, a los ci­nes, a los restaurantes, a bus­car la alegría, ¡a reencontrar­nos, público querido! Yo por lo pronto les platico que ya em­pecé a salir, de hecho fui a una fiesta que se organizó para ce­lebrar la buena aceptación de la serie novelada Las malcria­das. Se puso rebuena la fies­ta, por ahí llegué y me encon­tré primero con Ernesto La­guardia y con su esposa que, la verdad, son encantadores, y ahí estuvimos platicando du­rante un buen rato. Al poco tiempo se acercó mi Rebecca Jones, que no puede estar más  guapa y no puede estar me­jor en la novela, ¡qué bárbara! Así que nos empezamos a ca­lentar con un tequilita mi Jo­nes y otro yo, comenzamos a chismear muy sabroso, cosa que no es por nada pero hace­mos en cada fiesta. Ustedes no se imaginan lo simpática que es mi Rebecca y lo sabroso que platica, es lo máximo mi Jones.

Poco después llegó Edith González, que se veía muy guapa y, la verdad, totalmen­te repuesta de esta terrible en­fermedad a la que parece ha ido venciendo con una gran disciplina, pero sobre todo con una actitud gloriosa que no permite que ninguna en­fermedad se salga con la suya. La verdad, todavía seguimos sin hablarnos; bueno, más bien ella es la que no me ha­bla a mí, porque en algún mo­mento no entendió mi sentido del humor, y ya ven que hay gente que es como jarrito de Tlaquepaque, muy sensibles. Pero después de que vio que en el programa yo siempre tu­ve buenas palabras y buenos deseos, así como toda mi soli­daridad y todo mi respeto, co­mo que ya cambió un poco de actitud para con mi asquerosa persona; entonces, ahora por lo menos ya me saluda. Y yo considero que cuando pasas por un trance tan fuerte como el que ella vivió, es una forma de resetear el alma y la mente y las cosas toman otra dimensión. Las cosas que antes veías gra­vísimas ahora no tie­nen importancia, en­tonces bajo ese tenor contrastantemente la vida se vuelve más sencilla, así que va­mos en el camino de la reconciliación.

Apareció mi Atala Sarmiento con una blusa de esas de las que solo mi Athhaa es capaz de usar. Si Atala le vendiera todo su ves­tidor a mi Marianita Ochoa sin duda podría abrir otra de sus sucursales de tienda de disfraces; Atala fue la encar­gada de la alfombra roja, apa­reció mi querido Alejandro Camacho con una de esas ga­bardinas vampirescas, de esas que en algún momento suel­ta un aleteo y se te convier­te en murciélago. Es como un caballero de la noche, simpa­tiquísimo también; de hecho la pareja que hacían él y la Jo­nes es una de las que más me dolió que se acabara, pues la vedad eran fantásticos jun­tos. Me los encontraba en to­dos lados y siempre los dos pa­sándosela muy bien, se echa­ban sus tragos y se divertían sin parar; sin duda una de las parejas más divertidas que he conocido en mi muy móndri­ga vida. Lástima que se sepa­raron, pero se siguen llevando maravillo­samente, también por el hijo que tienen en común, que se llama Max y que es un gran músico, por cierto.

También apare­ció mi Ivonne Mon­tero con un vesti­do amarillo inmacu­lado y ¡echando tiros! Por cierto, ¿ya vieron qué bien está La Montero en Las malcriadas? La verdad es que la serie está muy buena, te mantiene pegado al asien­to durante todo el capítulo y les está yendo muy bien de au­diencia. Imaginen nada más tener de mucamas a Ivon­ne Montero o a Cinthya de La Academia, y que tempra­nito te digan: “¿Cómo le ha­go los huevos, señor?”. A esas mucamas ¡yo sí les sacu­do el plumero! He dicho.