Los infames

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FOTO: TERCERO DÍAZ /CUARTOSCURO.COM

Dentro de un año habrá de cumplirse medio siglo, sí, de la matanza que marcó a mi generación y a otras más que sintieron el quebrar de sus alas en un espectro dominado por la autocracia, la demagogia y la corrupción. Cinco décadas después tales condiciones, en lugar de amainar como las peores tempestades que suelen degradarse como milagros científicamente explicables pero espiritualmente considerados un reflejo de la intervención del Creador, en México se han recrudecido hasta llegar a un extremo asfixiante y brutal. ¡Ya se roban los gobiernos hasta la ayuda a los damnificados por las catástrofes naturales! No puede existir felonía mayor.

Entre los personajes más señalados como negligentes y ladrones tras los terremotos del 7 y el 19 de septiembre  pasados, se encuentran el gobernador de Morelos, Graco Ramírez, y su esposa, Elena Cepeda, quienes, sin moral alguna, pretendieron crear una aduana para detener los tráileres rebosantes de donaciones de mexicanos desde distintas entidades del país. Mucha de la ayuda enviada – no es posible cuantificarla– nunca llegó a sus destinos. ¿Qué se espera para declarar la desaparición de poderes en Morelos, función del Congreso de la Unión, donde el PRD culminó su obra devastadora?

También señalamos la conducta irregular, extraña, del cardenal Norberto Rivera Carrera, muy ligado a la directora del Colegio Enrique Rébsamen y al marido de la misma, prestanombres precisamente de Rivera, desesperado por los bienes enterrados y no así por los niños y adultos muertos, veintinueve en total, que fueron sacados desde el infierno injusto de los escombros.