La reconstrucción será la prueba de fuego de la clase política  

La reconstrucción será la prueba de fuego de la clase política  

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Por Rogelio Jiménez Pons

La semana pasada comen­taba que él último sis­mo del 19 septiem­bre se había sentido más fuerte pero que las ci­fras comparativas con el del 85 marcaban una gran diferencia: la caí­da de más de mil edificios ha­ce 32 años contra 38 ahora, lo que se debía al nuevo regla­mento de construcción a partir de 1990.

Si bien es cierto que estuvo aplicado en la mayoría de los casos, lo que finalmente significó una gran diferencia prin­cipalmente en pérdidas hu­manas: más de 8,000 entonces contra 360 ahora (219 en la ca­pital). Ya después de algunos recorridos por algunos de los edificios afectados que se en­cuentran desalojados, me doy cuenta que también hubo otro factor a favor, la corta duración del sismo, pues esta vez fue de 40 segundos y en el 85 de ca­si dos minutos. Y observando varios de los actuales edificios dañados, es de dar escalofrío de tan solo de imaginar si hubiese durado el terremoto otros diez o veinte segundos más, sin du­da muchos de los hoy precaria­mente en pie, habrían colapsa­do … y de estos hay docenas. Por lo que debemos reflexionar hasta dónde debemos llegar co­mo sociedad, en la reconstruc­ción y reparación de inmuebles en la Metrópoli.

No puede haber familias que, por las aparentemente “bue­nas” condiciones de sus edificaciones, realmente vivan como si tuvieran un revolver amar­tillado y puesto en la sien. Hay mucha vivienda ya resentida por dos o más sismos fuertes, que posiblemente a simple vis­ta no tengan mayor daño, pero se debe iniciar una campaña de revisiones profundas y a deta­lle para detectar el estado real de muchas edificaciones y con obras de refuerzo, relativamen­te sencillas, se pueda garanti­zar su integridad física.

Tres grandes sismos desde el 57 y múltiples medianos vie­ne afectando y cansando a las construcciones que hasta ahora han respondido aparentemen­te bien.

A diferencia del sismo del 85 que mucho del daño se concen­tró en vecindades de las colonias Centro, Guerrero, Obrera, Doctores, etc. donde el gobier­no tuvo ciertas “facilidades” para dar respuesta a la emer­gencia y a la reconstrucción; hoy no es así, la vivienda afec­tada son edificios de vivien­da media y media alta y la im­plementación de campamen­tos para apoyar a la población tiene otras condiciones que son más difíciles de atender. Asi­mismo el programa de recons­trucción en la CDMX será di­ferente y complejo, pues ahora  la mayor parte de los afectados son clase media media, y alta. La pérdida patrimonial de mu­chas familias, no solo en su vi­vienda sino en sus negocios, ta­lleres, despachos o estableci­mientos afecta no solo a ellos y a sus parientes, afecta a la comunidad en general, pues esas familias son múltiples eslabo­nes económicos cuya participa­ción cotidiana en la vida econó­mica de la urbe es importante, su pérdida se verá reflejada en la interrupción de diversas ca­denas productivas, donde estas Pequeñas Y Medianas Empre­sas (PYMES) se desenvolvían. Sin duda se requiere de un tipo de FOBAPROA que entre a re­solver el aspecto financiero de ésta nueva reconstrucción de la trama espacial y económica de la Metrópoli.

La clase política estará a prueba en la medida de que en­tienda que lo que implemen­te como acciones, si es que está en el poder, o de propuestas, si es oposición y anhela tomar el poder, será determinante en el 2018. Su sensibilidad, concien­cia, inteligencia e imaginación están ya a prueba.

Desde que era estudiante de arquitectura en la UNAM se tenía la consigna que los espacios públicos: escuelas, merca­dos, hospitales, etc. se debían construir con excelentes con­diciones de seguridad más allá de las normas convencionales, pues en caso de desastres natu­rales, deberían ser el refugio de la población.

Hoy vemos el caso del Réb­samen, el Tec CDMX, así co­mo otros espacios públicos, parcialmente colapsados y con pérdidas humanas, que al igual que hace 32 años, cuando caye­ron muchas escuelas con niños adentro, así como importantes hospitales y obras de gobierno, que a semejanza de hoy, tienen de común el que fueron afecta­das por actos de corrupción pú­blica y privada. Sin duda la re­acción social fue extraordi­nariamente positiva y da para muchos análisis…

 

Continuará

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