Los paraísos

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Rafael Loret de MOLA

Los paraísos fiscales, como Bahamas, esconden los mayores “secretos” de corrupción; ningún capital resguardado allí es investigado por su procedencia, es decir se le protege si es sucio y por ende ilícito, con tal de atesorar fortunas cuyos intereses bancarios financian el desarrollo de la región en donde llueven las divisas mal habidas, transferidas desde distintas naciones con el propósito de evadir al fisco sin dejar rastros. Contra la negligencia de las unidades de inteligencia financiera y la tolerancia de las autoridades hacendarias, no pocos políticos y empresarios optan por llevarse sus beneficios, es decir los que no declaran, fuera del país de origen para así disponer de ellos sin necesidad de ser sometidos al control oficial. Y, por ello, el llamado Bahamas Leaks se convirtió, en horas, en otro punto de referencia a la par con el célebre Panamá Papers cuyo escándalo, es lamentablemente cierto, resultó de mayores decibeles que la persecución de los delincuentes de cuello blanco con refugios inalterables y perfectamente blindados. Con este precedente, los dueños de grandes consorcios, por lo general multinacionales, encontraron suficientes bóvedas esparcidas por el mundo. Siempre ganan. Hace un año, el SAT, fue exhibido por cuanto a la onerosa condonación de impuestos, por 5.6 mil mdp, a varias empresas connotadas de gran cobertura en México, comenzando con la constructora GEO, una de las más favorecidas durante las administraciones panistas, y siguiendo con Simec, Campos Hermanos e incluso la Volkswagen, todas ellas con acuerdos soterrados con la cúpula gobernante, la que siempre gana en estas transacciones.