Brigadistas en la Obrera

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Armando Ramirez

Parecería sencillo describir a un brigadista, pero son tan distintos, en el parque España se encuentran cientos de jóvenes de colonias adineradas, comprometidos, bien vestidos de forma casual, llegan en bicicleta y se les nota el compromiso, platiqué con una señora de ojos claros y su hija de 16 años, venían del Pedregal de San Ángel, también con Javier Alarcón el conductor de deportes llegó con una camioneta de carga, estaba repleta de cajas con medicina, unas jovencitas bajaron y dejaron en el centro de acopio varias cajas y la camioneta conducida por Javier se fueron hacia el Parque México.

Hacia Álvaro Obregón encontré brigadistas de colonias populares y clase media con garra y corazón participan en recoger escombro, a veces van y abrazan a un señor angustiado, espera noticias de su sobrina, me comentó que había hablado con ella por celular, estaba en el cuarto piso, se quejó de que no veía que hubiera gente en las labores de rescate, ellos querían entrar y no los dejaron, vi a una señora asturiana con muchos años en México, poeta, habitaba ese mismo edificio, se ha refugiado en la casa del poeta de la Roma, pero aquí está solidaria con ropa prestada, no pudo sacar nada de su departamento, fumaba nerviosa con los ojos llorosos, me dieron ganas de abrazarla y lo hice, no supe qué decirle, sonrió y me despedí.

Llegué a la colonia Obrera, a la fábrica de textiles, frente a la bodega Aurrera, aquí los jóvenes brigadistas son de los barrios cercanos: Doctores, Buenos Aires, Centro, de la misma colonia Obrera y jovencitos y jovencitas de los municipios conurbados, llevan días durmiendo en tiendas de campaña, usan cascos amarillos o rojos, desde una camioneta vocean: “se necesitan picos en Lucas Alamán”, me ofrecieron cubre bocas, barras de cacahuate, botellas de agua, son ágiles, acostumbrados al trabajo rudo, jovencitas de las escuelas de enfermería ejercían sus conocimientos, la pulquería salón Casino es punto de cita, pasó una camioneta ofreciendo llevar a brigadista a Xochimilco, no les dijeron dos veces, en un 2 x 3 treparon a la camioneta, se alejó rumbo al sur de la ciudad, los jóvenes que resguardan la entrada por Bolívar alzaban el brazo con la mano empuñada, es señal de guardar silencio, digo, está chido, qué tanto es tantito