El temblor en vivo, en Cocineros

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AHÍ VIENE LA BIGORRA

Por Raquel Bigorra

Twitter/@rbigorra

Nunca imaginé vivir un temblor duran­te un programa de televisión. El sismo de anti­er a las 13:14 me tocó en vi­vo en Cocineros mexicanos. Tu­vimos que abandonar el fo­ro cuando nos percatamos que las lámparas se nos ve­nían encima. Segundos des­pués se cortó la transmisión, pues nos quedamos sin luz.

En medio de una rece­ta de natilla de higos comen­zó a moverse el piso, que pa­recía que se iba a abrir la tie­rra. Intenté guardar la calma y de hecho en punto de las 11 am, cuando sonó la alar­ma sísmica (a modo de simu­lacro) yo estuve atenta a las salidas de emergencia. Quién nos iba a decir que viviría­mos otra terrible experien­cia como la que vivieron mu­chos en el temblor del 85.

Minutos antes del temblor le había pedido al público que se sumara al Movimiento Az­teca para apoyar a los damni­ficados de Chiapas y Oaxaca. Y de momento, nuevamen­te Dios nos puso a prueba.

Toñito y Joserra, los co­cineros, fueron los prime­ros en salir del Foro 10 de Azteca. Mientras Ingrid y yo, batallamos para cami­nar por los tacones. La Je­fa, como le decimos cariño­samente a Ingrid, empezó a llorar desesperada. Des­pués me explicó que vive en un piso 14 y le había encar­gado a su mami a los niños. ¡Cómo no entrar en shock!

Ya estábamos afuera del fo­ro cuando empezó a juntar­se la gente que desalojaron de otros estudios. En la baja­da  por las escaleras se lastima­ron dos personas y Protección Civil se encargó rápidamen­te de subirlas a la ambulancia.

Se desprendieron luces y al­gunas cosas. Todos salieron es­pantados. Ahí me encontré a Ingrid Martz, quien estaba grabando Tres familias, la nue­va comedia de TV Azteca. Es­taba pálida, y con razón: me dijo que el edificio donde ella se encontraba se sacudió tre­mendamente. Estaba pega­da al teléfono, tratando de comunicarse con su esposo.

Empezamos todos a con­solarnos. La gente solidaria compartió los celulares, pues algunos tenían señal y otros no lográbamos comunicarnos con nuestros seres queridos. Un camión que estaba esta­cionado puso la radio y em­pezamos a escuchar que ha­bía varios edificios colapsa­dos en la Ciudad de México.

Con cara de preocupación y lágrimas, poco a poco em­pezaron a llegar los mensajes. Mi marido me avisó que es­taba bien, con mi Rafaella en brazos, así que pude respirar.

Apareció un señor de in­tendencia con varios bo­lillos que nos brindó pa­ra el susto. Esteban, el chi­co guapo que nos ayuda en el programa, sacó cajas con botellas de agua y así pa­samos la siguiente hora des­pués del sismo de las 13:14.

Nos avisaron que no po­díamos entrar a las insta­laciones. Foros y oficinas iban a ser inspeccionados. Así partimos todos a casa.

A través de la radio, la te­le y las redes sociales, poco a poco empecé a informar­me de lo grave del asunto. Pa­ra algunos solo fue el susto, pero muchas personas que­daron atrapadas bajo los es­combros. Familias que per­dieron todo y niños afectados por el derrumbe de escuelas.

México solidario, de pie, ayudando al que lo necesi­ta a través de las cadenas hu­manas. Más de 100 muer­tos hasta la tarde del martes y seguimos atentos a las nue­vas cifras. Dios nos proteja a todos. ¡Saldremos adelante!

Aprendamos nuevamen­te de este desastre, manten­gámonos unidos y sumémo­nos a toda la ayuda posible. Nos leemos mañana en El manual de la buena esposa.