El reencuentro de México

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DESDE EL AVERNO

Por Daniel Bisogno

Twitter/@DaniBisogno

“Tu llamado es a las 8 de la mañana para empezar a grabar a las 9”, fueron las palabras de mi productora Iyari González para grabar unas cápsulas que se llaman Noveleando y que originalmente las hace Pedrito Sola pero como el viejito huevón anda de vacaciones, pues aquí tienen a su tarugo, a las 8 de la mañana. Al llegar, al pasar por los torniquetes de acceso, una persona de seguridad me dijo: “Señor Bisogno, a las 11 de la mañana vamos a tener un simulacro de sismo, para que no se espante. Van a sonar las alarmas y se van a seguir los protocolos”. La verdad, me fui pensando por qué se les ocurría eso hoy (aniversario del sismo)? Llegué al foro, empezamos a grabar, estábamos de lo más divertidos y dieron las 11 de la mañana, sonaron las alarmas, salió la gente ordenadamente y yo comenté con mi productora que tal vez este simulacro se hizo como una especie de homenaje de que se cumplían 32 años del terremoto del 85. En ese momento me vinieron a la mente aquellas imágenes de los que, aunque muy pequeños, lo vivimos. La gente salía un poco a regañadientes a este simulacro, sobre todo los que no lo vivieron.

Regresamos a grabar y justo cuando solamente nos faltaba una cápsula, sentimos el jalón y todas las lámparas, la escenografía, la iluminación, las bocinas pesadísimas se empezaron a mover como si fuesen de papel; el piso se hacía ondas, no se podía caminar por el movimiento. De inmediato corrimos hacia afuera, ya ahí todo eran gritos, llantos. Todos los que salieron de malas al simulacro ahora estaban aterrados y con ataques de pánico. Cambia mucho la cosa cuando a uno le toca vivirlo en carne propia; un terremoto no es cualquier cosa, nos hace ver cuán frágiles somos ante la furia de la naturaleza. Pensar en la posibilidad de perderlo todo, incluso la vida, en cuestión de segundos, resulta muy traumático.

Nosotros, estando en un centro de comunicaciones, empezamos a ver la desesperación de todos por tratar de establecer contacto con sus familiares. De inmediato, como siempre, la verdad, empezó la fuerza de reacción por parte de TV Azteca. Salió Benjamín Salinas acompañando de Jorge Garralda, empezó a fluir la información de inmediato y con todos los empleados de los cinco edificios. Benjamín tomó el altavoz y organizó a todos, la gente de los edificios, ventas, administrativos, etc., podrían ir a sus casas a ver a sus familias para la revisión exhaustiva de las construcciones y que mandara la seguridad de la gente por sobre todas las cosas. Toda la gente que hacemos y nos dedicamos a la televisión nos quedaríamos a hacer lo nuestro: informar, comunicar, ayudar. De inmediato nuestro foro se convirtió en un centro de operaciones: pantallas, reporteros, equipo de producción, todo esto sin contar lo que ya se movía en el búnker de Fuerza Informativa Azteca. Empezamos a ver las tomas de los helicópteros, todo lo que estaba sucediendo, gente sufriendo, de inmediato  nos trasladamos 32 años en el pasado: el terror, la incertidumbre, la desgracia, pero al poco tiempo empezamos a ver con las imágenes que México había aprendido la lección del 85, vimos un México mucho más preparado para la desgracia. Después de 32 años las construcciones se hacen de otra manera, tanto que nuestra ingeniería es modelo para muchos otros países. Ahora la gente sabe qué hacer, sabe cómo moverse, por eso este terremoto fue totalmente distinto al del 85. Dentro de la tragedia, que es inevitable, el recuento de los daños es mucho menor que el del otro fatídico 19 de septiembre; lo que no cambió es el corazón del mexicano, ese mexicano que ayuda sin mirar a quién; ese mexicano que es capaz de quitarse el pan de la boca por dárselo a su hermano que lo necesita; ese mexicano ingenioso que se las arregla para ayudar; ese mexicano que sin importarle el cansancio, las inclemencias del tiempo, la tristeza, está ahí para ayudar a quien lo necesita; ese mexicano que se nos estaba olvidando que tenemos dentro.

Dicen que a veces las tragedias traen bendiciones y creo yo que este es el caso, nuestro país estaba pasando por un mal momento: violencia, inseguridad, desunión; sin embargo, esta tragedia está recordándonos nuestra esencia, lo que nos caracteriza como pueblo, nos está recordando quiénes somos, y no hay nada más hermoso que reencontrarnos con nosotros mismos, recordarnos que México  está en pie gracias a su gente, esa gente buena, indestructible, piadosa; esa gente que se ha sobrepuesto a todas las tragedias, temblores, huracanes, gobiernos, a todo. Así que entre todas estas malas noticias hay una muy buena: el resurgimiento del mexicano. ¡Ánimo, mi gente, ánimo mi México!, de peores te has levantado; y si lo dudas, aquí estamos todos los mexicanos para recordártelo. Tu corazón resurgirá muy pronto y de nuevo de esos escombros, escombros que volverán a juntarse para ser el México que siempre hemos sido. He dicho.