Intentos de magnicidios

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Piense

Por Rafael Loret de Mola

1981 fue el año de los intentos de magnicidios; no concluyeron como tales por efecto de la cercanía de los objetivos respecto a quienes dispararon contra dos personajes de enorme trascendencia: en marzo, a las afueras del Hotel Hilton en Washington, el presidente estadounidense, Ronald Reagan, fue víctima de los disparos de John Hincley Jr, quien fue rápidamente contenido pero sin que pudieran evitarse seis detonaciones algunas de ellas sobre el mandatario; y en mayo, en el aniversario de la Virgen de Fátima, el Papa Juan Pablo II fue alcanzado, en pleno recorrido por la Plaza de San Pedro, por los tiros del extremista Mehmet Alí Agca, de nacionalidad turca y adiestrado por órdenes de la mafia rusa.

Los dos salieron bien librados de los atentados aun cuando las secuelas de las mismas posiblemente bajaron sus rendimientos y redujeron sus vidas aunque fueran prolongadas en sendos casos. De hecho, Reagan fue uno de los mandatarios de mayor edad al ocupar la presidencia del vecino país con setenta años cumplidos al tomar posesión del cargo.

Con Reagan se dio un juego muy peligroso: a diferencia de su víctima, el enajenado Hinckley, quien disparó para llamar la atención de Jodie Foster, al sentirse despreciado por ella luego de escribirle cientos de cartas, sobrevive hasta hoy y acaba de recuperar su vida luego de treinta y seis años tras las rejas. Salió de la prisión el sábado 10 de septiembre de 2016, con escaso ruido, bajo el supuesto de estar rehabilitado. Los cuidadores de la señora Foster, ya veterana, debieran tomarlo en cuenta.